miércoles, 8 de mayo de 2013

Novela negra en St. Gervasi

Hoy, como muchas mañanas he bajado a desayunar con mis señores padres a la cafetería/granja que hay en el bajo del edificio donde vivimos. Me he acordado de dos ilustres de la Ciudad Condal, Quim Monzó, lavanguadista por todos conocido, y Frederic Malagelada, cazador de tesoros y jurista.

Del primero me he acordado por la situación, costumbrista cuanto menos, que mi madre y yo hemos vivido, digna de un artículo de Monzó (aunque también de una anécdota de Malagelada, la diferencia es que éste la ubicaría, como siempre hace, en Sitges). Al bajar a la calle, se nos ha acercado un obrero, quejándose de un vecino nuestro, se le ha encargado alisar el suelo de nuestro trastero, el cual mi madre y yo hemos ordenado al efecto en als últimas semanas. Se quejaba de aquel pesado que, cada pocos días importuna al portero o a mi padre diciendo que quiere que le enseñemos un permiso de obras, permiso que no necesitamos, pues ninguna obra se ha llevado a cabo. Lleva así desde que vinimos a vivir aquí, ahora hace ya 10 años. El colega, sin ningún tipo de maldad, pretende tocar los perendeles por no tener nada mejor que hacer: no lo consigue, a pesar de ser la persona que más veces me ha amenazado con denunciarme sin que él pueda sacar ningún beneficio de un proceso contra mis padres o un servidor.

Tras decirle al bueno hombre que no se preocupara, hemos entrado en la cafetería y se nos ha servido café, de la manera que tan graciosa como precisa en que lo describió Monzó hace unos meses: el camarero ha tirado el plato sobre la barra oyéndose un clang-clang-clang estridente que aumentaba de frecuencia hasta dejar de repiquetear el platito contra la superfície. Habiendo desayunado, he acompañado a mi madre a la calle para despedirme de ella y mi padre, quien esperaba en el coche. En ese momento, me he encendido mi primer cigarrillo del día, viendo entonces la encarnación de uno de los personajes de la Editorial Bruguera, nuestro propio Anacleto, Agente Secreto. Aquí me he acordado de mi apreciado caza tesoros, pues, en su momento, él, como abogado de Bruguera, tuvo que ir varias veces a pagar la fianza del dibujante Vázquez.

Nadie sabe exactamente a quien vigila, pero todo el barrio sabe lo que esta haciendo. Apareció hace unos meses, de manera poco discreta, aparcando un deportivo en medio de una manzana de la calle Muntaner de 9 a 1 casi cada día laborable.

Por mi costumbre de bajar a tomar café a las siete de la mañana durante mis últimos años de bachillerato, he tenido relación con porteros de finca y otros empleados de la zona que tiene que madrugar. Ello me ha evocado a los vicios del cotilleo y, sin quererlo, a enterarme de todo lo que pasa en mi barrio o, como mínimo, en mi manzana.

Al acabarme mi cigarrillo he ido al estanco a cambiar la piedra de mi encendedor (otra vez, costumbrismo) y allí estaba Anacleto. Debo decir que es tal y como imaginaba yo a los detectives cuando era crío, barba de tres días, pelo canoso, traje azul marino muy oscuro, corbata aflojada y camisa blanca con el boton de arriba desabrochado, solo le falta una gabardina grasienta. No hablo del fedora porque eso ya sería rizar el rizo. El hecho es que todos, creo, imaginamos a los detectives como tipos así pero que se esconden detrás de un periódico y gafas de sol en una mesa de un bar o el banco de un parque o alguien que, como mínimo, pretende pasar desapercibido. Anacleto no: el aparca donde nadie puede aparcar, bien a la vista de todos, sin salir del coche más que para comprar tabaco o ir al bar de debajo de casa a usar el lavabo o pedir un bocadillo de queso (mis detectives de infancia también lo comían).

Lo gracioso de todo es que te mira mal si le miras directamente como un "Man, you're gonna blow my cover" podrían pensar algunos, pero, pasados los meses, ahora parece más un "No me gusta que me hagan sin cobrar lo que yo hago cobrando". No crítico su modus vivendi (yo también, como holmesiano y poirotista, he querido ser detective), critico sus métodos, su indiscreción y, en cierto modo, su actitud respecto de lo que hace. De hecho, llegado este punto y todo el barrio sabiendo que está vigilando a alguien, me sorprendería que su "objetivo" no supiera ya que esta siendo vigilado/a (añado el a porque en el barrio hay la teoría de que esta contratado por un marido celoso).

En definitiva y conclusión, que nadie puede negar que cada esquina de Barcelona da para un libro o, incluso, una serie de novelas y que, a pesar de no haberle dedicado casi nada de tiempo, me frustra que con mis mínimas dotes detectivescas no haya podido averiguar a quién se está vigilando.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Un día más de puente.

No me canso de decir que es una contradicción en todos los niveles que algunos propongan huelga de estudiantes. Por enésima vez, la huelga es el cese de actividad y, por tanto, producción que hace el obrero en contra del patrón.

La actividad de un estudiante solo le incumbe (en su beneficio o perjuicio) al mismo a excepción de los tan en boga trabajos en grupo. Ergo si uno deja de estudiar o ir a clase el único damnificado es él mismo; en última instancia, el profesor que ha ido a clase para nada y eso contando que haya un 100% de participación. Pero el docto docente no tiene ninguna culpa del hecho que hayan subido las tasas universitarias ("tasas" en castellano, "taxas" en catalán).

Por otro lado, tú, rojillo de pa sucat amb oli, ya que te empeñas a llamar huelga a eso que tu quieres hacer que en ningún idioma corresponde a la definición de dicho significante, si quieres seguir jugando al marxismo con tu pañuelo de la intifada, la americana de pana y tu ejemplar de EL PAÍS, hazlo con el vocabulario adecuado. Ni els catalans han de dir "huelga", ni els castellans "vaga". Vaga es el femenino de vago en castellano; "huelga", simplement, és una mostra de la teva incultura en la llengua que "tant" t'identifica.

Si somos tan catalanes, que ho som, y tenemos lo del seny y la rauxa, pongamos en práctica lo segundo con conocimiento de causa y propiedad en el ejercicio: con seny.

Para finalizar, si no n'hi ha de "tête", nada de tocarse los pilindinguis. ¡Eh! Que todos sabemos que la huelga se convoca para mañana, jueves, y el viernes empieza el puente del Pilar...

domingo, 15 de julio de 2012

Alexander Porter y Elisabeth Tourvel

Hace poco oí la siguiente historia.


           Una noche de mediados de junio de 1927 el S. S. Catherine, una nave de simple belleza surcaba el Támesis mientras se celebraba una fiesta a bordo. Cuando se acercaba al puente de Westminster se oyó como caía algo al agua. A pesar de que el sonido fuera amortiguado por el surcar de la barcaza y el repiqueteo de la lluvia sobre la cubierta una joven señorita que había salido a tomar el aire a proa vio claramente como una gabardina con alguien enfundado en ella se quedaba flotando en el agua. La chica pidió a uno de los marineros que encendiera una luz y enfocara aquella cosa.

El primer pensamiento de la joven dama y del marinero fue el más que obvio intento de suicidio; lejos de querer acabar con su vida, Alexander Porter había saltado al río por tedio. No estaba haciendo nada, paseaba, cerca de la medianoche, para matar su insomnio y se lanzó al agua para ahogar su aburrimiento y nadar los 100 metros que le separaban de la orilla sur.

Al grito de “Man overboard” el barco viró para pescar al nadador amateur, haciendo que muchos de los asistentes a la fiesta derramaran parte de sus bebidas los unos obre los otros.

A diferencia de aquel que saltó del Golden Gate de San Francisco, al quien se le atribuye la frase “a media caída me di cuenta de que era una mala idea”, Alexander Porter tuvo el mismo pensamiento pero una vez zambullido en las frías aguas de verano del Támesis.

Una vez pescado y cubierto con una inmensa toalla la chica le preguntó por qué y se quedó pasmada de cómo a alguien se le ocurriría saltar al río londinense en las horas largas de la noche, o cualquier otro momento del día para tal propósito. El pasmo paso en seguida  ser histeria y la chica se echó a reír. Apareció entonces el patrón de la embarcación con las mejillas muy rojas, por ello, a pesar de que intentaban hacerle entender la situación en su estado de embriaguez lo único que supo decir fue “lo que necesita este hombre es una copa”.

Entraron los tres en el improvisado salón de fiestas y tras perderse el patrón entre la multitud se acercaron la chica y Alexander Porter a la barra y les fueron servidos sendos vasos de ginebra.
            -Me llamo Elisabeth Tourvel- dijo mientras añadía agua tónica a su ginebra.
            -Alexander Porhjer- respondió atragantándose a su primer trago.
            -¿A qué se dedica?, a parte de a nadar por el Támesis cuando se aburre, señor Porter.
            - En realidad era mi primer día en el oficio y debido a usted no ha ido como esperaba pero el resto del tiempo estudio filosofía en el King’s College.

            Lo último que espera uno de situaciones como ésta es que el tema de conversación sea banal aunque generalmente los diálogos acaban divagando en rincones de la propia psique que hasta uno mismo desconoce que estén ahí. Elisabeth Tourvel era una apasionada de las lenguas y, como connaiseur del tema, Alexander porter le daba buena conversación.

            Las horas volaron para Elisabeth y Alexander, que ahora ya se tuteaban. Largo tiempo estuvo Alexander Porter añadiendo ginebra al agua del Tamigi como diría Lord Falstaff pero finalmente el S. S. Catherine atracó en el muelle de Temple y Alexander y Elisabeth se despidieron al llegar al Strand, dirigiéndose ella hacía Fleet Street y él hacía Covent Garden.

            Caminando en la lluvia de Maiden Lane fue donde empezó a sentir un vacío tremendo después del agradabilísimo rato que había pasado con la ropa empapada por su chapuzón. Dándose cuenta de su error, Alexander Porter corrió de vuelta al Strand, pasó por delante del Savoy y de su facultad y llegando a Fleet Street vio a Elisabeth Tourvel refugiada de la lluvia bajo un porche, la reconoció por su curioso sombrero granate.

            Se le acercó, despeinado y mojado, aunque no tanto como recién salido del Támesis. Ella estaba distraída viendo el chaparrón esperando que aflojara o bien pasara un taxi.

            -hola otra vez- ella se giró con cara de sorpresa que se tornó rápidamente en una sonrisa- ¿Podría volver a verte?

            Se hizo un silencio solo interrumpido por la lluvia y el chirrido de los frenos de un taxi.

            -Sí, déjame que té dé mi dirección- sacó él una empapadísima agenda y su pluma. Entonces se demostró que el agua fluvial no es buena para escribir. Buscó ella en su bolso una libretita y tras garabatear sus señas arrancó la página y se la dio a Alexander para luego subir al taxi. Alexander Porter guardó con sumo cuidado el papel en el bolsillo que sintió menos mojado  y volvía encaminare hacía Covent Garden, vivía justo detrás de la Opera.

            Llegó a casa algo más empapado que cuando salió del Támesis pero con una sonrisa tan grande como su cansancio.

            Se despojó de la increíblemente mojada gabardina, pudiera haberse dicho que había más agua que tela. Vaciando sus bolsillos vio otra vez la nota de Elisabeth Tourvel: 54 St. Bride Street. La dejó sobre la mesilla de noche, se desnudó y, después de secarse un poco, se metió en la cama.


            Por la mañana, dos horas después de acostarse, sonó el despertador. Mientras lo buscaba con la mano muerta, porque se le dormían los brazos ya que le gustaba dormir boca abajo, tiró la nota de Elizabeth Tourvel y al levantarse se le pegó al pie. La cogió y se dio cuenta que por la parte de atrás había algo más escrito.

sido horrible de no haber aparecido Alexander Porter.
Es el hombre más extraordinario que jamás he conocido.
15/06/1927
                           .


            Por su parte, Elisabeth Tourvel se despertó muy tarde. Lo que hizo que se levantara fueron los timbrazos que sonaban. Alguien llamaba a su puerta. Un desaliñado chico con delantal marrón sucio de tierra esperaba al otro lado de la puerta.

            Se puso una bata, se arreglo el pelo y abrió la puerta para recibir un ramo de rosas del boquiabierto repartidor quien al superar su estupefacción dijo:
            -Con el aprecio del señor Alexander Porter.

            Despidió al chico y se sentó cerca del ventanal que daba a la calle para poner las flores en la mesilla de café cuando vio una nota. Un papel arrancado de una libreta que había estado empapada. Decía:


           Me hubiera ahogado de no haber sido por Elisabeth Tourvel.
Es la mujer más maravillosa que jamás he conocido.
A. P.

miércoles, 4 de julio de 2012

Edward VII Rooms

Nunca pensé que mi desprecio hacia los huelguistas llegaría al punto del odio. Hace ya dos días que estoy instalado en Londres pero mi odisea hacia la ciudad de Holmes, Churchill y otros ha hecho que me plantee si realment tiene utilidad el hecho de provocar parones en las tareas que a uno se le adjudican más alla del hecho más notiorio que es, hablando en plata, joder al personal.

Después de que mi amigo Stranglehoff me dejara en el aeropuerto, esperé a que abrieran mi puerta de embarque cosa que no se hizo hasta 30 minutos más tarde de la hora a la que se suponía debía despegar mi vuelo. Fue entonces cuando la amable senyorita que me estaba revisado el billete fue avisada de que el vuelo se volvería a retrasar. Al parecer había sido alcanzado por un rayo cuando iba para Barcelona y, por imperativo legal, debía pasar una inspección cosa que llevó a otra espera de hora y veinte minutos. Por muy molesto que sea esto, no tiene mucho sentido enfadarse con el tiempo.

Tras la eternérrima espera, al fin pude ocupar el asiento 8C y ponerme a ver episodios de una serie americana de los 70 en mi iPad. Todo iba como la seda. De pronto eché en falta algo, aun no había pasado ninguna de esas señoritas que creen decir las cosas amablemente pero más bien parece que le traten a uno de imbecil pidiéndome que desconectara aquello que solo ellas llaman "equipo electrónico". Miré el reloj, hacía 20 minutos que estabamos en pista para despegar. Dos minutos después sonava por megafonía la voz del piloto que debía esputar mucho al microfono pero aun así se comprendía su mensaje: no nos movemos por la huelga de controladores aereos.

Me revienta el hecho de tener conocidos que hacen más horas que un reloj y tienen problemas para llegar a fin de mes mientras cuatro mindundis bien pagados, se quejan de su salario. Bien, cierto que los dichosos cotroladores también trabajan lo suyo pero no me parece adecuado a la situación que pidan mejor salario cuando hay más de 5 millones de parados. Por otro lado, cuando uno hace huelga, a quién debe joder es al patrón y dudo mucho que cualquiera de los pasajeros con los que viajaba tuviera relación con él, sea quien sea ese Fulano. ¿Cómo terminamos? Con un cabreo de tres pares por una cosa dirigida contra alguien que no tiene ninguna culpa y si quiera inmuta a quién debiera de estar dirgida.

El avión despegó 3 horas más tarde de lo que estaba planeado y yo con un humor y un vocabulario de aquellos que algunos dirian: "En mi pueblo ni los carreteros"; todo ello dirigido contra los mismos que lo habían provocado, por suerte eso se limitaba a mi mente ya que, como dice la madre de una buena amiga, es de muy buena educación pensar las cosas a la cara de la gente; a pesar de que en mi caso no se quién es esa gente y no se realmente si vale la pena saberlo.

Tras aterrizar todo fue como la seda. Llegué a Londres en menos de dos horas y en media hora más estaba descargando mi maleta y mi banjo en Northumberland Avenue. Entrar y ver a un monton de gente en pantalon corto y chancletas fue una imagen bastante decepcionante aunque debo decir que el chancletismo de ese primer momento no tiene nada que ver con el buen gusto y la corrección que ahora me rodea entre clases y residencia.



Siendo sincero debo decir que esperaba algo digno de un Charles Ryder de Retorno a Brideshead pero con lo que tengo me basto (algo estrecha si es, mi habitación). No soy muy amigo de los estereotipos ni los clichés pero todo mi pasillo huele a curry y he ido viendo que la mayoría de mis vecinos son indios. De hecho esta mañana hablaba de series de televisión con el de la 633 y se quejava de que el no tiene el acento del indio que aparece en Big Bang, comentario que me ha obligado a toser con un mínimo teatrillo. Claramente sí somos, todos, muy estereotipados, pocos españoles hay en mi residencia pero los únicos que no gritan al halar son los que son de Barcelona (que, contándome a mí, somos 3).

Me alegra esar rodeado de tal muliculturalidad, no solo por la variedad si no por la calidad personal de aquellos con los que he tenido la suerte de establecer relación y por la grandes mentes con las que estoy teniendo oportnidad de aprender.

jueves, 26 de abril de 2012

Ciclos históricos


Es curioso que aquello que quienes no conocen la historia son propensos a repetirla. A Argentina no le quedó claro que no se deben tocar los juguetes de los demás después de los rifirafes con Gran Bretaña. Nuestro Margaret Thatcher con barba no se liará a pegar cañonazos por las buenas pero si Argentina hace amigos raros es probable que todo acabe como con lo de Nasser en el 51.

De hecho, si uno se fija, el desarrollo de los eventos es prácticamente el mismo que se dió con la ocupación del Canal de Suez y el embargo de la compañía anglofrancesa que lo operaba (y otras tantas cosillas en el panorama internacional).

Una acción como la de Argentina es tan irresponsabe y peligrosamente tonta como una bolsa llena de martillos. Si la juvetud vandálica ya está a la que salta con  la subida de las tasas universitarias solo nos falta que tengamos una "acción policial" al estilo de la Korea de los cincuenta en sudamérica, con sus correspondientes levas y relcutamientos juveniles.

Cierto que sería más bonito, históricamente hablando, que la última gesta militar española fuera algo distinto a la recuperación de cierto pedrusco marino con nombre de condimento. Volviendo a las levas, teniendo en cuenta el ni-nineo del que la juventud española es partícipe, habría al menos una cierta ocupación o, como mínimo, formación de gente joven que paliaría, en cierto modo, el estado en el que España se encuentra. No hablo de la reinstauración del servicio militar obligatorio aunque creo que haría más bien que daño con los recreos educativos del soldado.

Sin animo de ser belicista, pocas opciones le han quedado al país para desnacionalizar lo nacionalizado por Cristina Fernández. Además que, si se nacionaliza algo, se nacionaliza bien nacionalizado, no discriminando entre inversores, por que ni a argentinos ni a estadounidenses se les ha molestado. Claro está que nadie tira piedras sobre su propio tejado ni escupe en el plato del padre de família. Un compañero de estudios mío quiso abogar el otro día por la actuación de la Presidenta Fernández de Kirchner diciendo que esta expropiación se hace para construir escuelas y similares: nada más lejos de la realidad.

Es desastroso que esté tan de moda el robinhoodismo por parte de administraciones públicas y gobernantes; esto puede ser el más efectivo método para dirigirnos a la más profunda de las anarquías jurídicas. Si ya somos el bufón de Europa, debemos aprovechar esta ocasión para desnacionalizar lo nacionalizado, por no decir recuperar lo usurpado y mostrar que no somos un país de jarana y pandereta.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Equinoccio primaveral

No soy un gran amante de la primavera y menos aun del estado de hiperglucemia al que nos lleva a todos, me incluyo, aunque a unos más y otros menos. Lo peor del caso es que empecemos con lluvias y mal tiempo por mucho que me gusten.

Es también esa época en la que la gente confía más en la bonanza meteorológica y, por ello, se ven camisetas, patalones cortos y esos monísimos vestiditos de verano. Por otro lado, se siguen viendo abrigos y gabanes.

Recuerdo un día de abril del año pasado, en uno de esos eternérrimos semáforos, mientras yo llevaba un tres cuartos americana y chaleco de esos que puso de moda el Príncipe Alberto en Gran Bretaña, tenía al lado a un individuo en camiseta imperio, bermudas y sandalias haVaianas —acabo de descubrir que no se dice "jauaianas" sino haVaianas, como cuando mi padre imita y caricaturiza a su profesor de geografía en el bachillerato hablando de las islas Havai mientras señala Tasmania o Nueva Zelanda. El tipo no era nuestro guiri de manual con sandalias y calcetines, era uno de estos de aquí de toda la vida pero bueno más sorprendente era que el tiempo, parecido al de hoy: lluvia, cielo gris y paraguas transparentes.

Yo personalmente prefiero el sol frío de invierno al destello enemigo de fotofóbicos. Además uno ya no puede ir a leer al claustro de la biblioteca Nacional de Cataluña por que con buen tiempo se llena de niños y adolescentes campaneros sin olvidar la multitud de turistas que se pierden en el Raval durante el "Spring Brake".

Volviendo a la lluvia, yo siempre he adorado el olor a tierra mojada y el chapoteo en charcos como cualquier hijo de vecino —sí, ese niño que nos saplica cuando atravesamos la plaza Adriano (mala idea hacerlo con o después de lluvia) y se le debería atar con correa más corta que la del reloj de pulsera. A mi siempre me gustava salir de los sitios (cafés, biblotecas, tiendas, la facultad o donde sea) y volver a casa a través de una Barcelona encharcada con abuelas cubiertas con bolsas de la compra a modo de Lady Gag de geriátrico pero por el hecho de que andandico andandico uno se moja lo justo y previsto yendo de un sitio a otro. Prefiero la gabardina y el sombrero al paraguas o el chubasquero (uno parece empapar menos los suelos de allí adónde entra y despierta simpatias de gente que carretea pargaguas, modo de iniciar conversaciones).

La lluvia, igual que el agosto, es un gran indicador de si la causa de unos manifestantes es seria y necesaria o se trata de un capricho o rabieta con motivos lejanos a la causa que se alega. Igual que se veía a los anitaturinos frente a La Monumental los domingos de julio mientras que en agosto no estaba ni el tato (eso sí, la manifa convocada con sus consiguientes furgones policiales por si las moscas); en alguna sentada de las del 15-M del año pasado veiamos, un amigo y yo desde la esquina de la Rambla de los Capuchinos con calle Tallers como numerosos individuos se retiraban de las "asambleas" y corrían hacia las bocas de metro de Plaza Catalunya (válgame Dios, siempre salgo con perroflautadas).

En resumen, que sí, que necesitamos agua para el verano y para, entre otras cosas, paliar los incendios y reducir su riesgo pero un pelín de Solete lo agradece hasta el más sombrío de los góticos (perdón por el tópico).

martes, 21 de febrero de 2012

Soldiers' jests

Para Ed Schieffelin la vida militar no iba más allá de la búsqueda de aventuras y fortuna, más allá del mínimo patriotismo que siente cualquier ciudadano de los Estado Unidos, aunque hablamos de cuando aun siendo Estados, no estaban tan Unidos; mejor dicho, cuando lo empezaban a volver a estar, poco después de la muerte de Lincoln.

Acababan de licenciarle en Fort Huachuca, Condado de Cochise, cuando se pertrechó de utensilios de minería para dirigirse al nordeste, tal y como N'Kwala el Apache le había dicho, donde había plata, aunque todos le decían que allí sólo encontraría su tumba. El territorio de Arizona es muy basto y abarca desiertos bosques y montañas, pero Ed Schieffelin no tuvo que hacer más de un día de viaje para empezar a hacer las prospecciones en el terreno indicado por N'Kwala el Apache.

Pasaron los meses y en Huachuca, pueblo que da el nombre al fuerte donde había servido Ed Schieffelin, en una taberna se desató la conversación sobre qué había pasado con Ed Schieffelin, uno dijo que realmente se había vuelto loco en las montañas y creía ser un sasquatch, otros que había marchado al este hacia Georgia o Virginia pero la mayoría de elucubraciones y rumores concluían con la muerte del intrépido Ed Schieffelin. Hasta el momento ninguno de los interlocutores chismosos se había percatado de que en la puerta estaba fumando N'Kwala el Apache.

-Eh, indio-gritó un militar barbudo-, ¿dónde está mi amigo?

N'Kwala el Apache no era tonto, sabía que se burlarían de él si cometía algún fallo de gramática o pronunciación, por eso acostumbraba a hacerse entender a base de señas, por esto señaló al nordeste hacia la garganta de Charleston, visible por una de las ventanas del local.

-Le convenciste, ¿eh?- le dijo el militar barbudo-. Pues mañana me vas a guiar adonde fuera que le llevaste.

El militar barbudo madrugó y fue al campamento que había al lado del fuerte donde había emprendedores, mineros y peregrinos, en el cual solía estar N'Kwala el Apache. Era raro que un indio no estuviera con los suyos y menos con hombres blancos; era así porque N'Kwala el Apache era un descastado, hijo de un Apache y una Absoluca, una mezcla prohibida, trabajar de rastreador y guía para los hombres blancos era lo único que podía hacer aunque no se le trataba mejor que como se trata a un caballo o un perro de caza, pues para ellos no era más que un salvaje más o, peor aún, un animal puesto a su servicio. N'Kwala el Apache ensillaba dos caballos cuando el militar barbudo lo encontró.

Montaron casi sin abrir la boca y pusieron rumbo al nordeste. A media mañana llegaron a la garganta de Charleston y el militar barbudo empezó a extrañarse de no ver nada que le indicara que Ed Schieffelin se hallara en la zona pero N'Kwala el Apache seguía cabalgando con la mirada al frente y sin inmutarse por nada de lo que pasase a su alrededor. Pasaron la garganta y continuaron colina abajo hasta la planicie, entonces N'Kwala el Apache paró su montura y con un gruñido señaló un diminuto campamento a lo lejos. Cuando llegaron no parecía haber nadie, hasta que, sobrecogido pero no sorprendido, vio una gran lápida, la tumba de Ed Schieffelin, supuso.

-¿Qué haces aquí?- oyó el militar barbudo girándose y viendo a otro barbudo pero, este, exmilitar.

-Ed Schieffelin, decían que te habías muerto o vuelto loco o ido al este.

-He encontrado mi tumba- se rió-, os burlabais de mi cuando creí al indio. Pues bien, he encontrado la veta de plata que me indicó y he estado trabajando aquí mientras él iba a por suministros a Huachuca. Dentro de poco empezaré a necesitar más hombres- explicó Ed Schieffelin con una gran sonrisa.

-¿De quién es la tumba?- preguntó el barbudo militar como si de una broma macabra se tratara.

-Lenox. ¿Recuerdas hace un año cuando nos atacaron mientras llevábamos el salario a Fort Huachuca?- el barbudo asintió- N'Kwala el Apache volvió i enterró a Lenox que murió cuando le dispararon en la nuca mientras galopábamos a refugiarnos en la garganta de Charleston. Cuando vino encontró plata y me lo contó. Ahora necesito hombres pero al caerme en la mina me rompí la pierna y no he podido volver y el indio no tiene valor para hablar con nadie. Vuelve a Fort Huachuca y tráeme hombres, si lo quieres también habrá trabajo para ti.

El militar barbudo hizo lo que se le pidió y aceptó la oferta convirtiéndose en otro exmilitar barbudo. N'Kwala el Apache siguió trabajando para Ed Schieffelin como rastreador y explorador. Ed Schieffelin registró la propiedad de la mina como Tombstone (tumba) e hizo, junto a dos hermanos suyos, una fortuna gracias a la plata y otros metales (preciosos y no preciosos) con minas en los territorios de Arizona y Oregon. Finalmente, el campamento minero llego a ser tan concurrido que acabo por convertirse en un pueblo: Tombstone, Cochise County, Arizona.

En cuanto al motivo por el cual N'Kwala el Apache le contó a Ed Schieffelin que había plata en las tierras que habitaban Geronimo, Cochise y Victorio, puede que fuera que vio su espiritu emprendedor o puede que quisiera agradecer que no le apartara como los otros blancos o los suyos que le habían descastado; pero, claro está, que la fortuna sonríe a los intrépidos pero más a los bien intencionados.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Festival "Al Ras", 2011

Víspera

A pesar de tener fecha en el 19 de noviembre, todo empezó la noche anterior en el "nou Caliu" de la calle Torrent de l'Olla. Tras una cena con chistorra, morcilla y vino de la casa, uno de los comensales, Lluís Gómez, gran artífice del festival y banjista de la Barcelona Bluegrass Band, se levantó y desenfundó su instrumento, seguido por más músicos entre los que se contaban los franceses Fred Simon y Jean-Marie Redon, ambos al banjo como el primero; a la guitarra Juan Pablo Caja y Kevin Thomson que también canto con característica voz rota; también Andrew Henley y Maribel Sánchez, tocando sendos contrabajos. De la señorita Sánchez se podría decir que hay más contrabajo que contrabajista pero con su gran técnica hace que el instrumento se le quede pequeño.

El Caliu

Entre Old Joe Clark, Reuben y otros himnos bluegrasseros llegó Richard da Silva, uno de los que regenta el Guitarland Guitarhospital, tienda de y taller para instrumentos musicales. Acompañaba al matrimonio redneck de los Buckner, Trae y Jamie Lynn. En seguida los tres se sumaron a la improvisada jam session de la cual disfrutábamos: Richard blandiendo mandolina, Trae alternando entre la guitarra y el banjo y su esposa emocionándonos con su voz sureña de gran belleza.

La cosa duró lo suficiente para que nos echaran educadamente del restaurante y nos despedimos para el día siguiente.


Mollet

El festival "Al Ras" hace, con éste, diez años que se celebra en Mollet, población cercana a la ciudad condal. Es el único evento de música bluegrass y old time que se celebra en la Península Ibérica. Este año no hizo honor a su nombre (al raso en castellano) debido a la fuerte lluvia, otros años se ha celebrado en el "Mercat Vell" de Mollet que tiene una atmósfera muy adecuada para el tipo de música que se hace, pero este año tuvo lugar en el centro cívico de "Can Pantiquet" cuyo aspecto es, como el de todos los centros de este tipo, de una mezcla entre templo metodista americano y centro penitenciario.

Empezó, a las 18:00, con Tony Giménez, cantante de folk, un hombre muy tranquilo cuya cuerda liga poco con los grupos que tocaron después de él pero que dejó la audiencia calentada para que los escoceses de Tin Horn Hank pudieran tocar.

De izquierda a derecha: Ricky Araiza, Lluís Gómez, Jean-Marie Redon, Eugene O'Brien y Fred Simon

Fue entonces cuando subió al escenario un ejercito de banjos de varios grupos para hacer tiempo debido al retraso de Nick Prescott, madolinista de los Tin Horn, por un percance automovilístico, pero todo llegó a buen termino al ser tocadas varias composiciones de éste que se retrasó y un muy adecuado Worried Man Blues por aquello de estar en jornada de reflexión final al 20-N. Cuando terminaron se oía de fondo a los Hillbilly Gypsies tocando con Ricky Araiza, Jean-Marie Redon y Richard da Silva en una sala contigua en una jam espontánea.

Los escoceses afincados en Barcelona de Tin Horn Hank.

Tin Horn Hank dejó paso los Booty Hunters, presentados jocosamente con su nombre traducido literalmente al castellano (los cazadores de culos). A la voz y al banjo estaba Xavi Ollé, con quien he tenido el placer de tocar y cuya actitud y aspecto de cowboy rockstar me sorprendieron habiéndole visto antes como comedido y modosito músico. Tocan un género que mezcla country y punk dándoles, el hooligan-grass, un aire más salvaje que el propio del bluegrass.

Booty Hunters (Cazadores de Culos).

Durante la breve pausa, cotilleé el merchandising disponible, camisetas, libros y distintos cedés de los grupos de los presentes.

Tras bocadillos, cervezas y coca-colas subió al escenario la BBB con Fred Simon, entre los temas el más vitoreado fue la composición de Lluís Gómez Manga el banjo, no sólo por la calidad de la misma sino por lo tragicómico del origen del título. Contaba el Maestro Gómez, que al gravar el tema en estudio no se decidían por el título y recientemente le habían entrado a robar a uno de los músicos, a éste le robaron todos los instrumentos a excepción de un banjo Gibson del año sesenta y pico, fue entonces que, a propuesta de uno de los técnicos, el tema se llamara así.

La Barcelona Bluegrass Band con Fred Simon.

Subieron Trae y Jamie Lynn Buckner al escenario acompañados por otros músicos con cuyas piezas emocionaron a todo al público, en especial cuando todos dejaron al señor Buckner solo en el escenario e interpretó, entre otros, O Death (a capella) y un Talk about suffering que, según contó, cantaba en los escenarios de sus inicios cuando su abuelo, un predicador Pentecostal, le pedía que tocara una canción para el Señor. También cantó junto a su esposa West Virginia Mountains, lugar de donde son.

De izquierda a derecha: Richard da Silva, Hillbilly Gypsies (Jamie Lynn y Trae Buckner) y Ricky Araiza.

En una breve pausa, Llu
ís Gómez fue homenajeado con un pastel en forma de banjo con diez velas en celebración de la décima edición del "Al Ras". Todo terminó con una magnífica y emocionante Jam final en la que participaron todos los músicos anteriores y algunos salido de público. Un gran final para un pequeño y modesto evento con grandes músicos, aun teniendo un clima económico y meteorológico tremendamente desfavorable.


*Fotografías extraídas de la página web de Jean-Marie Redon y Sharon Lombardi y la página web de Booty Hunters.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡No a la huelga estudiantil! ¡Sí a la universidad pública!

Mañana, jueves 17 de noviembre, se supone que hay huelga de estudiantes en defensa de la universidad pública. Me parece un completo despropósito, no el motivo de la huelga si no el hecho de que dicho objetivo se defienda por este medio.

Según tengo entendido una huelga (vaga en catalán) es el paro que hacen los trabajadores para reclamar mejores condiciones laborales a un despótico patrón. Bien, para ser trabajador se necesita hacer una serie de tareas y cobrar por hacerlas, que yo sepa, la universidad no nos paga, ni a ningún compañero mío ni a mi, por el hecho de estudiar, cierto que hago tareas y mi trabajo es el estudio pero no es un empleo ni se trata de una experiencia laboral. Aunque, recordando la cita del presidente Rodríguez Zapatero en excusa para intentar quitarle hierro al problema del desempleo (cuando un joven se está formando está trabajando), podría ir bien al Ministerio de Educación bien a la Conselleria d'Ensenyament para reclamar todo el sueldo que me han retenido el último año y medio.

A dónde quiero llegar es a la perdida de tiempo que resulta hacer huelga en calidad estudiantil, si yo pago por estudiar, no me puedo permitir dejar de venir a clase para reclamar vaya usted a saber qué. Una manifestación fuera de horario lectivo sí tendría sentido.

Si las notas y expedientes de toda la población universitaria española fueran brillantes (o al menos la media) tendría algo más de sentido pero, tal y como está la cosa, esta "huelga" tiene más relación con la pereza y que cualquier excusa es buena para no trabajar. Si vemos el término en catalán, la etimología de "vaga" tiene origen en la misma palabra que el el vocablo castellano de vago. Esto es, en este caso, vaguear inútilmente por no querer trabajar más allá de que se quiera maquillar con la excusa de un respetable motivo.

Un buen amigo, el periodista Carles Navales, Dios le tenga en su gloria, me dijo ante una situación similar que lo que se debería hacer es llevar al profesor a la calle y que los discentes recibieran clases ante los ojos del país, cierto que se podría acabar obligando a aquellos que no quieren participar en la huelga pero siendo todos participes de la educación universitaria pública, no creo que nadie de mis compañeros esté en posición de negarse ni tampoco nadie del profesorado. Por lo tanto, hagan huelga pero háganla bien, sin disturbios, ni quejas por que sí, sino siendo constructivos y dado una imagen merecedora de mejoras educativas con muestras de esfuerzo y trabajo, no vagueando y dando aires de justicia social y falsa buena fe.

sábado, 12 de noviembre de 2011

El Bigote

El origen del término esta en el grito de guerra de los bárbaros, ¡Por los dioses!, algo parecido al by god inglés. Este atributo tan masculino y, como dicta el estereotipo, femeninamente portugués ha sido el filtro de sopas para numerosos personajes históricos.

Dos bigotes que siempre acuden a mi memoria son el de Nietzsche y el de Chaplin. El primero es una exageración del de Tom Selleck, muy adecuada, si se me permite, dada la fuerza de su obra literaria (y digo literaria deliberadamente). El segundo, aunque postizo, es una de las señas características con las que ha pasado a la posteridad junto al bombín y la caña dulce. Éste, llamado toothbrush (cepillo de dientes) y típicamente británico, fue degradado al asociarse con cierto dictador con pintas de camarero de flequillo grasiento. De hecho, hay una plataforma para la eliminaZión de la lacra genocida que pesa sobre el tercio central del labio superior.

El bigote que realmente me enamora es el que estoy cultivando desde hace una temporada. En inglés lo llaman handlebar, ya que asemeja al manillar de las bicicletas antiguas. Como caballero me interesé por cómo, cuanto y cuando conseguiría tener el mostacho que ya estoy consiguiendo. con mis pesquisas me tope con todo tipo de curiosidades: redecillas para dormir, peines, clubs, ceras y, finalmente, Moviembre (Movember).

El Movember consiste en afeitarse la mañana del primer de mes y, a partir del día dos no afeitarse el bigote. Esta tradición esta bastante arraigada en los clubs de rugby británicos y entre jugadores y técnicos compiten mostacho contra mostacho en originalidad, longitud, diseño, etc. Pero el verdadero motivo de esta afición es prestar apoyo moral a aquellos afectados de cáncer de próstata.

Siendo un apoyo un apoyo moral con un punto cómico y, en algún caso, ridículo no deja de tener una buena intención sin olvidar tampoco que haga que se retome, en cierto modo, la costumbre de peinarse y recortarse el vello del labio superior sea de modo daliniano, en plan general del ejercito confederado o buscando un bigote de esos de zarzuela.

martes, 1 de noviembre de 2011

¿Como llama un tejano a su hija?

¡Yeeha! Este domingo toqué en una jam session de bluegrass en un afamado bar del barrio de Gracia, el Astrolabi. Estoy convencido de que más de uno debe creer que soy un estirado, niño bien o alguna cosa por el estilo. La cosa es que en aquella velada toqué mi banjo acompañando a otros 4 músicos mucho mejores de lo que yo seré pero a pesar de mi se creó un ambiente festivo de baile y cánticos de rednecks y cowboys americanos; algo parecido al ambiente bávaro que viví en la Volksfest de Stuttgart pero en tamaño reducido. Esta vez nadie rompía jarras de litro ni comía pollo frito pero corrían las cañas y alguna que otra tapa de aceitunas.

Saltó con la armónica al escenario una muy buena amistad de mi compañero Stranglehoff y mía propia, Eduardo Ramos (barman que regenta un excelente cocktail bar en Sant Gervasi). Fue grata la sorpresa que se acoplara sus bufidos e inspiraciones metálicas a un estilo musical que no es el suyo con tanta facilidad.

Lo gracioso de todo ese ambiente es el hecho de que se respirar un aire como de saloon de película de John Wayne (pronunciado tal como se lee) sin peligro de tiroteos y con algún tema contemporáneo como "Tell It To Me" de los Old Crow Medicine Show. Aquellos bailes esperpénticos de pies al aire y brazos entrelazados: nada de danzas kuduro o cosas así.

Fiesta, bailes, alegría y música pero dentro de la animación reinaba una gran calma, sin necesidad de altos volúmenes ni alcohol barato ni altas horas de la madrugada para creer haberlo pasado bien y recordar poco o nada. Sencilla diversión que incluso los que no serían de esta cuerda la disfrutarían (oí más de una vez la frase "esto tenemos que hacerlo más a menudo").

Mi conclusión es que llegar a las once y media de la noche a casa, completamente sobrio y con una gran sonrisa es mejor que la mayor de las interminables noches de locura y desenfreno, con la resaca que conllevan. He dicho.

jueves, 20 de octubre de 2011

Tú a mi no me hables

En el rodaje del spaghetti-western "El Bueno, el Feo y el Malo" se dio la situación en que Eli Wallach (Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramirez, el Feo) no hablaba ni castellano ni italiano y Sergio Leone, el director, no hablaba inglés. Para solucionar este problema se dirigían el uno al otro en francés, idioma por ambos dominado.

Para mí el catalán ha sido, es y, supongo, será mi principal lengua para el habla. Como catalán y catalanista estoy orgulloso de serlo y por ello también de usar esta lengua. Lo que me mosquea de algunos hablantes del catalán es el esnobismo en la comunicación que se da cuando lo usan para un público con una proporción notable de no hablantes o completos desconocedores de nuestro idioma.

Este martes fui a ver "Fausto" de Gounod al Gran Teatro del Liceo invitando a dos amistades uno de aquí y otra de nacionalidad polaca. Nuestra amiga esta aprendiendo castellano y por ello es capaz de entender algo de catalán pero realmente me frustró el hecho que la pantalla situada sobre el escenario hiciera la traducción simultánea en la lengua autonómica, para más inri, un catalán repipi que, con un intento de tener aires de solemnidad y cultura, se queda en la versión de top manta del lenguaje usado en las traducciones catalanas de Shakespeare. Lo que sucedía es que la pobre chica me iba preguntando el significado de palabras de las cuales desconocía la definición ya que algunas no aparecen ni en el Pompeu Fabra.

Cierto que en algunos asientos del antiguo Gran Teatro de Isabel II hay una pantallita que da la traducción de la opera en catalán, castellano e inglés pero, a pesar de que los mensajes de megafonía se den por triplicado (otra vez castellano, catalán e inglés), que la traducción accesible a todos los espectadores sea en catalán entra en conflicto con el eslogan de la opera house de la Rambla, "el Liceu de tots" (el Liceo de todos).

Es innegable que el castellano es mucho más conocido internacionalmente que el catalán y, de tal modo, que para poder hacer accesible a más gente algo como la traducción de los gorgoritos de sopranos y tenores, es mucho más lógico usar una lengua por todos los catalanes entendida (aunque algunos no la consideremos como la nuestra principal) que no usar la más redicha versión del catalán que ni tan siquiera nosotros entendemos (y, sinceramente, cuyo lenguaje dudo que sea correcto de modo alguno).

Donde quiero llegar es que la lengua, más allá de la identidad cultural o histórica que pueda tener, es un instrumento de comunicación y por ello usarla como si fuera un lenguaje en clave solo comprensible para algunos pocos me parece la mayor infantilidad de la que puede ser capaz ningún nacionalismo. Que en el Senado, cámara de representación territorial, se permita el uso de lenguas autonómicas no tiene ningún sentido, para mi seria comprensible que se pudiera presentar escritos en las lenguas oficiales pero que por una falsa apariencia de patriotismo se use una lengua que otros desconocen y se pongan intérpretes para que puedan entender estos otros lo que se dice es una soberana gilipollez que incurre en un entorpecimiento de la fluidez parlamentaria (que ya de por sí es poca) a parte del subsiguiente gasto de dinero público.

En definitiva, cada uno es libre de usar la lengua que quiera, pero si realmente se quiere ser comunicador, se usa, la que el emisor y el receptor compartan como los Sres. Wallach y Leone.

jueves, 29 de septiembre de 2011

The Dandiacal Body

Me hablaba un amigo de su culebrón con una chica que conoció al iniciar sus estudios de ingeniería (pocas damas hay en su facultad). Una chica agradable y sencilla (a primera vista), interesada tanto por actividades culturales tanto de su propio ramo como del de letras. Una de esas rara avis que pueden hablar de Byron como neuropsicología o la construcción de un submarino. Era lo que algunos llaman dandizette, una mujer dandi (aunque solo a primera vista) y resulto serlo solo de boquilla, como aquellos que en un bar piden un gintónic como paradigma de la coctelería y no han oído hablar ni del dry martini o el beso de tortuga.

Todo les iba bien hasta que se enamoraron: él de ella y ella del que quería que fuera él.

Él es de provincias y ella es urbanita. El desasosiego empezó cuando el quiso seguir siendo quién era (romántico empedernido y algo bohemio) y ella quiso volver a ser normal; esto hizo que ella le soltara la peor puya en la que podía pensar, a mi parecer, un piropo:
—Yo busco alguien especial con quien pueda hacer cosas normales.

Analizo la cita. De buenas a primeras le llamo raro algo que, al menos para mi, es un gran halago. Pero el problema de la rarez personal es que a veces deja de ser la lucecita que nos hace distinguidos y distinguibles para convertirse en una luz incomoda, cegadora y ridícula a la vez, como (perdónenme los narigudos) una napia que se pasa de personalidad para ser un porche para el bigote.

Hay dos maneras de llevar la rarez: riéndose uno de si mismo, que me parece algo de lo más hipócrita pero esta socialmente aceptado, o encajando las peculiaridades de uno con el prójimo y aceptando críticas con estoicismo aunque la mayoría de comentarios son un insulto con intención de denotar que nuestra originalidad y especialidad son ridículas, cuando quien hace esos comentarios de escarnio es tan o más ridículo que nuestro desorden estilístico.

Dicho de otro modo: (parafraseando a William Beau Brummell) la originalidad nace de un estudiado desorden pero sin la apariencia de estudio. Si levantara la cabeza el padre del dandismo se daría cuenta que lo que el ideó como rechazo a lo recargado y excesivo (pelucas, maquillaje, perfume...), no se asustaría por que el dandismo se haya reconvertido en algo recargado de anacronismos, si no que es un rechazo a la pseudomodernidad que se postula en la actualidad como en su momento fue una crítica al falso clasicismo del que nadaba a contracorriente en su origen. A parte de este detalle, otra diferencia entre el antiguo dandismo y el actual es que ahora es imposible que se ponga de moda o se convierta en una tribu urbana, ¿o sí?

En definitiva, se sea o no un dandi, la originalidad con extrema moderación es buena siempre que no este basada en la originalidad de otros, entonces deja de serlo para convertir-se en copia, aunque la inspiración en las virtudes de otro es aceptable. A lo que no hay que ceder es al uniformismo que hay en la actualidad, y no me mal interpreten, sobre todo en el vestir femenino.

Insto al rechazo de la tónica actual, eso si, con gusto. Debo añadir que nadie puede forzarse a la genial originalidad si no tiene el don congénito (todo el mundo en mayor o menor medida es participe de él) pero no se debe caer en falsos ídolos de originalidad: véanse tribus urbanas de la contracultura de la actualidad como los perroflautas o el estilismo de algunos pseudoconservadores de extrema derecha. Sacando de contexto a Ben Franklin, todo aquel partícipe del extremismo debería ser castrado y repartir todo "lo suyo" entre los borregos de la humanidad ya que parece que les falta "virilidad" (él no dijo virilidad).

lunes, 5 de septiembre de 2011

El dinero, por un lego en economía

Dice Cicerón en De Senectute que jamás ha oído (o, mejor dicho, oyó) que un anciano olvidase donde había escondido su dinero. Bien, esto no es lo que me ha pasado a mi. Hace cosa de un mes, en una visita a mi abuela me dijo que se había encontrado 5500 pesetas en una carterita que le regaló, hace años, mi difunto abuelo. Son cinco billetes de 100 pesetas (del año 1970) y otro de 5000 (éste, del 76): los primeros vienen con un retrato de Manuel de Falla y el de 5000 con el de Carlos III.


Lo interesante de todo esto no es cómo mi abuela olvido esta fortuna en un bolso que no ha utilizado en, al menos, treinta años sino en lo que he reparado al echar una ojeada a las 5500 pesetas de mi abuela al volver del banco esta mañana.

Hoy mi madre me ha pedido (para la caja de la empresa familiar) que fuera a buscar cambio de 1000€. Con dos billetes de 500 me he dirigido a la sucursal del Banco X que hay en la esquina al otro lado de mi calle. Tras sospechar de mi mismo como atracador de bancos (es lo único que provocan esas puertas de seguridad) he esperado a que quedara una ventanilla libre y me he acercado a la amable cajera con intención de hacer la transacción (aunque técnicamente ni el banco gana nada ni yo gano nada, es la entrega de mil euros por su tantundem). Lo que ha sucedido es que la señorita me ha pedido un número de cuenta pero no tenía intención de ingresarlo ni tengo cuenta en el Banco X así que le he repetido que yo quería cambio. A esto ella me ha insistido en que necesitaba una cuenta particular pero, aun explicándole que venía de parte de una empresa me ha reclamado que necesitaba a un apoderado para poder hacer el cambio con una cuenta de empresa, cosa que yo no quería; tratándose como se trataba de simple cambio.


Si yo traigo un efectivo de 1000 (no teniendo ninguna deuda con ninguna entidad) implica que yo respondo de esa cantidad personalmente y que, por mucha rabia que le dé, a la amable cajera (ahora mala bruja, devoradora de tiempo y productividad), tendrá que darme otro tanto de la misma especie y calidad de lo que yo le entrego. Puedo entender que esto sea para evitar que un moroso trate de pasarse al efectivo para no pagar sus deudas bancarias, como hacía el dibujante Vázquez, pero no admito como excusa que el motivo de esto sea evitar que se dé cambio con la entrega de billetes falsos; seamos francos, al banco no le interesan los billetes falsos (ni a mi tampoco) pero el banco es la entidad idónea para interceptarlos. Por otro lado, con sus medidas de seguridad en la puerta y a la hora de darme cambio ya envían a tomar viento la presunción de inocencia hasta de la más venerable anciana (cosa que he visto cuando una señora no entendía como entrar por la puerta de seguridad, que es triple en el Banco X). Tras dedicarle un par de sonrisas condescendientes a aquella amable cajera que me ha aumentado el mal humor mañanero propio de mi persona he decidido probar, a ver qué me decían, en el Banco J, el cual me ha dado siempre la sensación de ser de los de toda la vida; a pesar de que algunos de los jefes de esa sucursal vayan en mangas de camisa y yo me afeite más que ellos (¡Qué carca soy!).

En el Banco J me han tratado con amabilidad y me han dado el dinero al instante, cierto que en este sí tengo una cuenta pero dudo mucho que el cajero lo supiera dado que no me lo ha preguntado y solo he entrado en ese local para usar el cajero automático algún fin de semana.

Al llegar a casa, le he entregado el efectivo a mi madre y, como ya he dicho, me he mirado las 5500 pesetas: en los 6 billetes, que tienen tantos años que podrían ser mis padres, reza una inscripción "El Banco de España PAGARA AL PORTADOR (tantas) PESETAS. Madrid a tantos de tantos de mil novecientos tantos". Cierto que ni el Banco X ni el J son el Banco de España (cuyo edificio sucursal en Barcelona es precioso tanto por dentro como por fuera) pero llevo un título que me es válido en varios países el cual depende del Banco Central Europeo, que a su vez delega en el Banco de España.

Lo que realmente me sorbe el seso y no soy capaz de comprender es la presunción de culpabilidad que se nos aplica cuando pretendemos hacer un inocuo cambio de dinero y se nos trata como estafadores que usan moneda falsa o blanqueadores de dinero. A mi parecer se trata de una atribución de poder al cajero a lo vigilante de piscina (alguien que no tiene potencial de liderazgo y se le legitima para usar la vil excusa de "es por su seguridad" para marimandonear y no beneficiar, tampoco diré perjudicar, a aquellos que pretendemos hacer uso de un servicio: cambio en el banco, baño en la piscina).

En definitiva, es envidiable la falta de escrúpulos que tienen algunos cuando se trata de ser un estorbo y la vergüenza que tiene la gente para ser amable. Para mi no ha sido un gran esfuerzo añadir a la nota de mi madre que cantidad de billetes necesitaba de cada tipo y la cantidad de euros que representaban respectivamente, del mismo modo, no espero una sonrisa ni un cómo esta usted aunque el más aséptico y frío de los servicios debe ser agradecido si es que nos lo hacen. No hace falta ser un mono pelota, pero cuando se hace un trabajo y, encima, se nos paga por ello, en primer lugar, debemos hacerlo y, en segundo, debemos hacerlo bien como poco.

martes, 12 de julio de 2011

Tras el silencio

Tras una pausa de producción, no aletargada precisamente, escribo palabras de vacaciones esperando tener un letargo veraniego de lo más productivo. Redacto junto a una ventana a través de la que veo caer una lluvia de verano parecida a la que le cae encima a El Manco de un conocido western.

A diferencia de otros escritos en este no pretendo dar a conocer una historia ocurrida sino simplemente dejar fluir la espontaneidad como la del caminante que no pretende llegar a ningún sitio mientras pasea por la ciudad, es decir, un andar suave pero animado que solo es guiado por las apetencias que puedan sugerir los sentidos en un momento de falta de obligaciones.

Ejemplo de lo último podría ser algo como el bajar por la Rambla con un paso que podría ser a ritmo de una pieza de Lacho Drom (recomiendo La Verdine) algo animado, como pretendiendo buscar el sitio donde uno fuera esperado para, pongamos, una cita. Una vez ese paso pasa, empieza algo más lento, más de película francesa. Girar a la izquierda en carrer de la Canuda, esquivar turistas y carteristas mientras se fuma un cigarrillo y se martillea el suelo con bastón de punta dura; se gira en Portal del Àngel buscando, váyase a saber qué y se enfila uno hacia la catedral tras señalar a dos holandeses despistados la dirección a Plaza Catalunya.

Una vez en frente de la catedral, vuelve aquel sobre sus pasos para coger carrer del Bisbe y llega a la Iglesia de Sant Sever pero no baja por aquella calle perennemente encharcada sino por el callejón que lleva la plaza de Sant Felip Neri a un paso más sosegado (como en Lentement Mademoiselle de Django Reinhadt). Para en la fuente y se ata el zapato izquierdo, no sin que caiga el bastón que se había reclinado en la repisa donde apoya el pie.

Luego, tras quitarse las gafas tintadas, se mira el paredón de la iglesia del santo que da nombre a la plaza, horadado por incontables balas que en tiempos desafortunados segaron las vidas de múltiples clérigos, religiosos y algún laico. Con tal pensamiento en la mente, el paseante, no puede parar en la terraza de la plaza a tomar nada, así que continúa hacia Sant Sever y asciende unos metros para mirar que piezas nuevas tienen en aquella joyería tan rara. De tan especial que es el genero, el nombre del establecimiento pasa completamente desapercibido.

Tras ver pendientes que son cascaras de huevo, gemelos en forma de revolver y colgantes que imitan hojas, sale y va calle abajo hasta Baixada de Santa Eulalia y, después de ésta, tuerce la derecha en carrer dels Banys Nous casi siendo atropellado por un ciclista barbudo, cosa que le enerva un poco haciendo más propio un tema más grave para sus andares (Cavalerie, también del maestro Reinhardt).

Al llegar a la esquina de Banys Nous con Carrer de la Palla mira el escaparate de pastas y tartas del Arcadia, el salón de té esquinero. Viendo aquella suculenta tarta de higos que tantas tardes de lunes le ha hecho pecar decide que es momento de un segundo desayuno, total, es muy pronto para un aperitivo. Se sienta en la mesa del centro de la sala de cara al gran ventanal sin cortinas a través del cual montones de curiosos admiran los manjares del aparador que hay en el interior. Es divertido curiosear las caras que pasan por delante de aquel cristal, sobre todo cuando se dan cuenta de que han sido descubiertas en su fisgoneo. Esto último suele invitar a entrar a más de un curioso en el que se despierta aquella complicidad de "Sí, la primera vez que entré yo también fui observado por un desconocido mientras miraba las pastas.

Tras el atracón uno puede acabarse la tisana e ir de vuelta la Rambla, coger calle del Carmen y ponerse en el patio de la Biblioteca Nacional a leer una novela de western de las de 75 pesetas comprada en cualquier tienda de la última calle y pasar el resto de la mañana entre Sol y sombra estando seguro que ni ha estado holgazaneando ni que su paseo ha sido vacuo.

lunes, 16 de mayo de 2011

¿A que nunca había visto decirle adiós a unos zapatos?

A proposición de la señorita de los zapatos rojos he decidido disertar acerca de calzado. Hace una semanas estuve en Florencia y, de camino allí, en la población de Santa Margherita Ligure me compré unos mocasines azules de ante. Hacía una eternidad que no me ponía en la Isla y al otro lado del Atlántico llaman "loafers".

Al principio me parecieron una de esas mamarrachadas de la moda actual que permiten a los oficinistas un toque de informalidad dentro de su uniforme pero una vez empecé a pasear con éstos calzados me di cuenta de lo cómodos que son. La sensación era de ir con zapatillas de andar por casa pero très à la mode. Todo en ellos era estupendo hasta que apareció mi hermana y su gran sentido de la estética para increparme por llevar calcetines.

Obedeciendo su criterio aquel paraíso se convirtió en un infierno de adoquines, además tenía frío en los tobillos mientras la planta de mis pies era un horno. Para colmo, acostumbrado a los zapatos de cordones cuya suela solo se flexiona de manera cóncava, los pedazos esos de cuero se doblaban también en sentido convexo con lo que cada borde de adoquín de me clavaba en el pie como si fuera descalzo.

Reconozco que los zapatos de cordones no son prácticos a la hora de ponérselos y, menos, a la de quitárselos uno. De todos modos, al tener una estructura parecida a las botas amortiguan los pisotones y hacen que el impacto contra el suelo no le acabe reventando el alma al caminante.

Entiendo que los zapatos de vestir no sean cómodos para según que situaciones y terrenos pero ir con bambas (como llamamos los catalanes a las deportivas) puede dar una imagen poco adecuada para según que ambientes (aquello de que bien vestido se puede ir dónde se quiera).

En definitiva, que el calzado debe llevarnos lejos pero que nos guste que nos lleve. si vamos con unos zapatos que nos gustan pero no llegamos al umbral de la puerta no vale la pena. Esto no va para las damas ya que todos sabemos que la belleza duele, pero les recomiendo que para evitar el dolor de los tacones prueben unos Ferragamo, que no acaban doliendo como unos Manolos u otro producto de otra casa (¡nótese que no lo digo por experiencia propia!).

martes, 26 de abril de 2011

Cubierto de salsa

Por falta de buenas historias en el último mes, he decidido que (por poner algo) público la siguiente fantasía.

En un pequeño restaurante del Borne barcelonés espera un chico joven y desaliñado, preocupado por cual será el motivo del retraso de ella y arrepintiéndose de la mala elección que ha hecho con su atuendo. Cierto que el gris es el nuevo azul pero hay algunas mezclas de tonalidades que son preferiblemente evitables.

Tiene miedo de haberse perfumado en exceso, que sus calcetines sean demasiado estridentes. ¡Qué coño! Está sentado a la mesa en un restaurante del Borne barcelonés.


Ella sigue sin aparecer y, como cualquier chico nervioso, elabora las más fatalísticas teorías, como "habrá tenido un accidente" u otras menos altruistas como "asimílalo, te han dado plantón". De repente pasa una gabardina por delante de los ventanales del restaurante, entra y se cuelga al lado de la puerta. Él está tan ocupado pensando en ella que no se da ni cuenta que la tiene delante, a punto de sentarse con él a la mesa.

Aunque ya había llegado, él seguía nervioso, las mujeres siempre le hacen sentirse como en un examen, un reto: le gusta satisfacerlas en sus expectativas sobre él sin dejar de actuar como suele hacer y con ello queda satisfecho. Una vez alcanzado este primer objetivo va a por uno mayor, en según que casos, muy difícil pero siempre más divertido: seducirla. Independientemente que su segundo objetivo sea la seducción, él no es un seductor, es decir, una cosa es ser seductor y otra muy distinta es ser UN seductor. El que es de los primeros, como él, atrae a todo el mundo; en cambio, los segundos atraen a un tipo de gente mucho más inmadura y superficial que generalmente hace escarnio de los primeros pero, valga el tópico, por pura envidia.

Volviendo a la mesa, él se levanta para cambiarle el sitio y darle una mejor perspectiva del restaurante, decisión tomada de manera poco premeditada dándole simplemente un punto de vista diferente pero no mejor. Empiezan a conversar de esto y aquello cuando les traen la carta y ella habla de compartir los platos cosa que a él le rompe los esquemas, a parte de no haberlo hecho jamás en una cita, él solo conoce sus propios gustos. Se pone más nervioso y aun más intentando no exteriorizarlo. El embrollo de qué proponer como plato comporatido tiene fácil solución ya que él no le hace ascos a ninguna comida y, por ello, le dice a ella que, siendo mejor conocedora del restaurante, elija los platos.

El decrecimiento de su nerviosismo a partir de aquí, si se expresara en una gráfica, sería radical pero alcanza un mínimo y vuelva a crecer cuando les preguntan poer el vino. Siendo un restaurante especializado en pescado, lo propio es pedir un blanco pero él no sabe más que de tintos y muy poco. Entonces, ya poniéndose en evidencia, le vuelve a pedir a ella que elija.

Al ser platos para compartir, él no sabe por donde empezar ni si empezar antes que ella. Se espera y sigue hablando de una tema tan recurrente como es el cine, evitando referencias pueriles como decir que la situación le recuerda a tal film o tal otro.

Comen, beben y hablan, como ya he dicho, de esto y de aquello hasta que terminan la comida. Otra vez se disponen a pedir, ahora: el postre. El toma la iniciativa y dice lo que le apetece pero no es del agrado de ella el mascarpone-toffe poniéndolo de manifiesto cuando habla del helado de avellana.

Ella se disculpa y se levanta de la mesa. Él queda solo, creyéndose observado por un millón de espectadores imaginarios como si estuviera en una película y supiera que es un personaje. Olvidando lo último, desde que ella se ha retirado, el helado de avellana se le ha hecho más y más apetecible y cuando ella está regresando, él pide el mencionado postre. Lo comen juntos, sin ceremonias hiperglucémicas pero con una recíproca mirada a laso ojos que no queda lejos del romanticismo.

Terminan y aparece la última y más brutal de las luchas en una cena: pagar la cuenta. En ese momento él se da cuenta de la gran mancha de salse en su camisa creando para si un ambiente más tenso. "¿Habrá visto mancha?" o "¿ha visto con qué torpeza me la he hecho?" son las preguntas que se le ocurren antes de pagar. ¿Qué hace? ¿Se deja vencer en esta batalla final mostrando una imagen infantil e inocente o paga ya actúa modestamente como un pagafantas? Distraído como está en su fuero interno acaba siendo invitado, de todos modos ha cedido ante el helado de avellana.

Al final, salen, encienden sendos cigarrillos, hablan de esto y de aquello, se besan y no piensan en nada (excepto por la mancha en la camisa). A pesar del tópico, todo es imperfectamente perfecto.

sábado, 19 de marzo de 2011

Calle Salmerón

(Recomiendo a los usuarios de Spotify que al leer éste articulillo escuchen una y otra vez The Old Fun City de Burt Bacharach en la banda sonora de "Butch Cassidy And The Sundance Kid" para mayor apreciación y sumergimiento en el contexto del escrito. Es más, les insto a buscar las imágenes que me han inspirado el texto.)

No pudiendo dormir pensando en qué estarán haciendo mis colegas en una noche en la que mi mayor plan ha sido ir a conversar al Cementerio de Elefantes (antro de bella y mala reputación del barrio), finalmente me he puesto a merodear por otros antros cibernéticos observando fotografías del blog itsbarcelonababy donde mi hermana salió retratada por su buen gusto en cuanto a vestimenta, he encontrado un video de una vista tomada del tranvía 169 de Barcelona en el año 1908 de Nuestro Señor. Este tranvía hacía el siguiente recorrido: subía por Paseo de Gracia siguiendo por Gran de Gracia (antes calle Salmerón) y en la Plaza Lesseps se encaminava a Avenida República Argentina y una vez arriba del todo pegaba la vuelta para volver por donde había venido a Plaza Cataluña y volver a empezar el recorrido.

El video me ha provocado nostalgia y melancolia por un tiempo que no pude vivir ni conozco ni conoceré a nadie que lo haya vivido. Es una situación histórica en la que mentalmente me gusta imaginar al Dr. Júvar o a mi padre; por supuesto, sé que no la vivieron pero, desde luego, conociéndoles, es perfectamente elucubrar que la vivieran, no por la edad física que aparentan.

La gente, consciente de la cámara rombolesca (nada que ver con las de ahora) en el morro del tranvía, procuraba pasar por delante de ésta de manera disimulada (como quien no quiere la cosa) aunque había algunos transeúntes que montaban la escenita y se hacía ver de manera teatral como si se hicieran una retrato al estilo de la escena de The NY Sequence en "Dos hombre y un destino".

Ver a gente bien vestida (¡y de diario!) por el Paseo de Gracia o la Calle Salmerón es una imagen que me sorprende y a la vez me parece natural, como si la hubiera visto un millar de veces (en mi cabeza). Hoy en día, mucha gente se emperifolla cuando en realidad visten como pordioseros (no implico que trajearse sea la máxima de mi canon estético); lo que debiera hacer todo el mundo es llevar la ropa con más naturalidad; a todo el mundo se le ve interpretando un personaje de acuerdo con su estilo de vestimenta, cosa que resulta ridícula y cargante ya que no es su verdadera personalidad sino un ente creado por el miedo al "¿qué dirán?". En las imágenes inspiradoras de lo que escribo veo inconsciencia en cuanto al atuendo, cada uno lleva lo mejor que puede lo que tiene para cada día sin importarles que llevan pues es lo que les identifica dentro de la sociedad en la que, con mayor o peor fortuna, diré que se sitúan más arriba o más abajo pero están orgulloso de su posición. Actualmente, el que está arriba pretende que está más abajo y el que está abajo apunta para arriba con un falso orgullo de su posición real. Cada uno debe aceptar lo que es y donde está a la vez que acepta lo que son y dónde se encuentran los demás.

Hay una asunto que sigue inquietándome, lectores míos: ¿me ven ustedes como un excéntrico pretencioso, un romántico acabado o qué? (Espero que empiecen a usar más a menudo la sección de comentarios de este blog).

Espero que este artículo les haya resultado menos pesado de leer ya que algunos de ustedes ya me han criticado por extenderme demasiado. Adjunto, además, un saludo a la señorita Fores quien me ha mentado la despreciable pero necesaria publicidad que hago de estos escritos.

lunes, 14 de marzo de 2011

De mentores y de pupilos o comiendo con el Presidente.

Tras un mes de ausencia, vuelve a visitarme la señorita inspiración que claramente es soltera y no le gustan las ataduras conmigo pero le gusta verme de vez en cuando, no sé por qué pero ahora me la imagino con zapatos rojos.

El miércoles pasado tuve la oportunidad de comer con el muy honorable Presidente Jordi Pujol. Fui acompañando a mi padre, mi mentor (el Dr. Júvar) y a Narciso Pi (pupilo de mi padre). Fue una experiencia interesante ver a una institución personal como es el Presidente de la Generalitat con más tiempo en el cargo. Debo hacer notar que sigue actuando y hablando como un político sin serlo actualmente, pero decir mucho sin decir nada y responder lo que se quiere en vez de lo que quieren con una pregunta es un don/defecto que sólo poseen los políticos.

Fue una comida interesante, y un saludo interesante, quiero decir, cuando fui presentado a M. H. Jordi Pujol se me creó una situación extraña en la cabeza; estaba, en cierto modo, emocionado y por otro lado debía aguantarme la risa cada vez que oía su carraspera, conocida y caricaturizada por todos aquellos que leen esto. No seguiré hablando de el Hombre ya que me daría para escribir un libro.

Después de la comida fuimos, los que acompañaba y yo, a hacer la sobremesa a la azotea del Universal, hotel situado en frente del Liceo. Hacía un Sol espléndido y fumar al aire libre resulta muy agradable en esa situación, viendo gente tender ropa en los terrados y turistas paseando por la Rambla. Estuvimos hablando de esto y aquello: textos de Stefan Zweig (sobretodo la póstuma biografía de Montaigne), algo de Joseph Roth (y su Hotel Savoy, que no es el de Londres) y un largo etcétera que el lector se puede imaginar viendo de qué cuerda son los mencionado temas.

En el entretanto me di cuenta de la situación, dos pares de mentores y de pupilos. Entonces pensé en aquello que me había dicho mi amigo Marcelo Stranglehoff de no sé qué película en la que decían que todo hombre, en su vida, ha de tener un discípulo y un maestro, lo que me planteó ¿quién narices es mi aprendiz? y ¿puedo o no elegirlo?, lo lógicamente absurdo es pensar que mentor y pupilo se han de parecer pero creo yo que el pupilo debe de trascender al maestro y hacerse a si mismo con la guía del mentor. Obviamente buscando el parecido con alguien solo se consigue una caricatura del imitado y de uno mismo, si yo fumara los mismos puros que el Dr. Júvar, bebiera sus gintónics, no sería un aprendiz, sería un burdo imitador. Si uno por ser mi aprendiz entiende ponerse americana y corbata, fumar mi marca de cigarrillos y beber cócteles creados en los años 20 no hace más que imitar mi personaje sin aportar nada de nada al que pudiera ser su aprendiz, que lo que aprenderá es una imagen viciada de mi mismo. Es como disfrazarse de hobbit y medir 1'90 y que luego un tercero entienda que los hobbits miden casi dos metros.

El problema reside en si se puede hacer de maestro Shao-Lin y elegir y hacer criba de discípulos o tiene que ser en plan ONG para el desarrollo de la personalidad y ayudar a despersonalizados y estereotipados sujetos en busca de autenticidad. En el caso de mi padre y Narciso, mi padre fue quién eligió, pero en el del Doctor y yo diría que elegí yo. Conclusión, ninguna.

Quizá es que alguien muy abierto de miras me ha dicho que soy abierto de miras y ahora me estoy planteando si realmente soy abierto de miras, como me dicen, o soy tan snob y cerrado como me gusta ser. Puede que sea partícipe de una especie de snobismo abierto de miras o de un ancho de miras esnobista.

Hay que ver con la maravillosa dama de zapatos rojos; ora viene, ora se va.

lunes, 14 de febrero de 2011

Afeitarse como un Presidente.

Desde hace relativamente poco voy a que me afeiten en una barbería de Travessera de Gracia. Es una experiencia curiosa las primeras veces y relajante las "segundas". Desde luego se lo recomiendo a todos aquellos que se afeiten y que no tengan prejuicios generados por personajes como Sweeney Todd o los gemelos albinos de la segunda parte de Matrix. En defensa del afeitado con navaja, debo decir, a estos reticentes a la hoja, que en manos expertas es difícil distinguir la hoja de los los dedos del barbero al tensarle a uno la piel durante un rasurado. Lo que quiero decir es que no es incómodo y desde luego la sensación y el resultado son mucho mejores que con maquinilla.

Suelo afeitarme los jueves y éste pasado, como cada semana, me acerque a la barbería y mientras esperaba mi turno para ser atendido hablábamos el barbero, otro cliente y yo. En una de estas, el otro cliente dijo:

—Esta mañana he visto que te hacían fotos.

El barbero contestó que los de cierto periódico se había enterado que el actual Presidente de la Generalitat de Cataluña (no soporto decir ni que digan President cuando se habla en castellano) se corta el pelo y se afeita en su establecimiento cosa que me lleno, un poco, de orgullo. Tampoco fue algo a lo que diéramos mucha importancia dado que el siguiente tema de conversación fue elevadísimo, una tienda de arreglos de ropa dos manzanas más arriba.

Finalmente, el otro pagó y se fue entonces me pude sentar en la silla del Presidente (dado que de las tres que hay solo se usa aquella).

Pedro, el barbero, inclinó la silla, me puso una toalla como babero, me untó con la brocha de cerda blanda, cerré los ojos y empecé a oír el rasgueo de la hoja contra la barba de una semana. Primero la mejilla derecha y parte del cuello, la izquierda, la parte restante del cuello, la barbilla y, levantándome ligeramente la nariz (cosa que no deja de sorprenderme), el bigote.

Después, recogió el resto de espuma con la toalla y cogió la botella de Floïd Vigoroso (loción para después del afeitado) —la cual no recomiendo para los primerizos en el afeitado (mejor Aqua Velva), no hay cosa que pique más en todo el universo, ver fórmula a pie de página—, tras dejarme medio atontado con el chorretón de este líquido, el cual creo componente de la inyección letal, me masajeó con algo de crema (creo que) hidratante, me cobró y me fui más contento que unas Pascuas con mi cara más suave que el culo de un bebé.

He de señalar que cuando decidí empezar a ir al barbero para afeitarme no fue una iniciativa motu proprio. De hecho, fue por una consigna en una de mis páginas web de cabecera (http://artofmanliness.com):

—Find a Barber.

Yo acababa de volver de un viaje y hacía varios días que no me afeitaba así que indague sobre barberías dónde se afeitara a navaja y, voilá, encontré 3 en toda Barcelona (suerte, la mía que una esta cerca de mi entorno callejero).

Otro motivo es que al no tener la necesidad de afeitarme a diario no me afeito con regularidad y con ello acabo adquiriendo un aspecto sucio o de enfermo —hablo por mi, a unos les sienta bien el vello facial y a otros no—. Pero, bueno, no pretendo que, ustedes, hagan suyos mis motivos pero, desde luego, insto a todos mis lectores (masculinos) que, al menos una vez, sean participes de esta experiencia costumbre de tantos en el pasado.



Fórmula de Floïd:
-6/10 de alcohol etílico.
-1/4 de ácido sulfurhídrico.
-1/20 de ácido de bateria.
-1/10 de guindilla en solución acuosa a un máximo del 25% (sino hace el mismo efecto que el Botox).
-unas gotas de Tabasco para darle sabor.