martes, 26 de abril de 2011

Cubierto de salsa

Por falta de buenas historias en el último mes, he decidido que (por poner algo) público la siguiente fantasía.

En un pequeño restaurante del Borne barcelonés espera un chico joven y desaliñado, preocupado por cual será el motivo del retraso de ella y arrepintiéndose de la mala elección que ha hecho con su atuendo. Cierto que el gris es el nuevo azul pero hay algunas mezclas de tonalidades que son preferiblemente evitables.

Tiene miedo de haberse perfumado en exceso, que sus calcetines sean demasiado estridentes. ¡Qué coño! Está sentado a la mesa en un restaurante del Borne barcelonés.


Ella sigue sin aparecer y, como cualquier chico nervioso, elabora las más fatalísticas teorías, como "habrá tenido un accidente" u otras menos altruistas como "asimílalo, te han dado plantón". De repente pasa una gabardina por delante de los ventanales del restaurante, entra y se cuelga al lado de la puerta. Él está tan ocupado pensando en ella que no se da ni cuenta que la tiene delante, a punto de sentarse con él a la mesa.

Aunque ya había llegado, él seguía nervioso, las mujeres siempre le hacen sentirse como en un examen, un reto: le gusta satisfacerlas en sus expectativas sobre él sin dejar de actuar como suele hacer y con ello queda satisfecho. Una vez alcanzado este primer objetivo va a por uno mayor, en según que casos, muy difícil pero siempre más divertido: seducirla. Independientemente que su segundo objetivo sea la seducción, él no es un seductor, es decir, una cosa es ser seductor y otra muy distinta es ser UN seductor. El que es de los primeros, como él, atrae a todo el mundo; en cambio, los segundos atraen a un tipo de gente mucho más inmadura y superficial que generalmente hace escarnio de los primeros pero, valga el tópico, por pura envidia.

Volviendo a la mesa, él se levanta para cambiarle el sitio y darle una mejor perspectiva del restaurante, decisión tomada de manera poco premeditada dándole simplemente un punto de vista diferente pero no mejor. Empiezan a conversar de esto y aquello cuando les traen la carta y ella habla de compartir los platos cosa que a él le rompe los esquemas, a parte de no haberlo hecho jamás en una cita, él solo conoce sus propios gustos. Se pone más nervioso y aun más intentando no exteriorizarlo. El embrollo de qué proponer como plato comporatido tiene fácil solución ya que él no le hace ascos a ninguna comida y, por ello, le dice a ella que, siendo mejor conocedora del restaurante, elija los platos.

El decrecimiento de su nerviosismo a partir de aquí, si se expresara en una gráfica, sería radical pero alcanza un mínimo y vuelva a crecer cuando les preguntan poer el vino. Siendo un restaurante especializado en pescado, lo propio es pedir un blanco pero él no sabe más que de tintos y muy poco. Entonces, ya poniéndose en evidencia, le vuelve a pedir a ella que elija.

Al ser platos para compartir, él no sabe por donde empezar ni si empezar antes que ella. Se espera y sigue hablando de una tema tan recurrente como es el cine, evitando referencias pueriles como decir que la situación le recuerda a tal film o tal otro.

Comen, beben y hablan, como ya he dicho, de esto y de aquello hasta que terminan la comida. Otra vez se disponen a pedir, ahora: el postre. El toma la iniciativa y dice lo que le apetece pero no es del agrado de ella el mascarpone-toffe poniéndolo de manifiesto cuando habla del helado de avellana.

Ella se disculpa y se levanta de la mesa. Él queda solo, creyéndose observado por un millón de espectadores imaginarios como si estuviera en una película y supiera que es un personaje. Olvidando lo último, desde que ella se ha retirado, el helado de avellana se le ha hecho más y más apetecible y cuando ella está regresando, él pide el mencionado postre. Lo comen juntos, sin ceremonias hiperglucémicas pero con una recíproca mirada a laso ojos que no queda lejos del romanticismo.

Terminan y aparece la última y más brutal de las luchas en una cena: pagar la cuenta. En ese momento él se da cuenta de la gran mancha de salse en su camisa creando para si un ambiente más tenso. "¿Habrá visto mancha?" o "¿ha visto con qué torpeza me la he hecho?" son las preguntas que se le ocurren antes de pagar. ¿Qué hace? ¿Se deja vencer en esta batalla final mostrando una imagen infantil e inocente o paga ya actúa modestamente como un pagafantas? Distraído como está en su fuero interno acaba siendo invitado, de todos modos ha cedido ante el helado de avellana.

Al final, salen, encienden sendos cigarrillos, hablan de esto y de aquello, se besan y no piensan en nada (excepto por la mancha en la camisa). A pesar del tópico, todo es imperfectamente perfecto.

sábado, 19 de marzo de 2011

Calle Salmerón

(Recomiendo a los usuarios de Spotify que al leer éste articulillo escuchen una y otra vez The Old Fun City de Burt Bacharach en la banda sonora de "Butch Cassidy And The Sundance Kid" para mayor apreciación y sumergimiento en el contexto del escrito. Es más, les insto a buscar las imágenes que me han inspirado el texto.)

No pudiendo dormir pensando en qué estarán haciendo mis colegas en una noche en la que mi mayor plan ha sido ir a conversar al Cementerio de Elefantes (antro de bella y mala reputación del barrio), finalmente me he puesto a merodear por otros antros cibernéticos observando fotografías del blog itsbarcelonababy donde mi hermana salió retratada por su buen gusto en cuanto a vestimenta, he encontrado un video de una vista tomada del tranvía 169 de Barcelona en el año 1908 de Nuestro Señor. Este tranvía hacía el siguiente recorrido: subía por Paseo de Gracia siguiendo por Gran de Gracia (antes calle Salmerón) y en la Plaza Lesseps se encaminava a Avenida República Argentina y una vez arriba del todo pegaba la vuelta para volver por donde había venido a Plaza Cataluña y volver a empezar el recorrido.

El video me ha provocado nostalgia y melancolia por un tiempo que no pude vivir ni conozco ni conoceré a nadie que lo haya vivido. Es una situación histórica en la que mentalmente me gusta imaginar al Dr. Júvar o a mi padre; por supuesto, sé que no la vivieron pero, desde luego, conociéndoles, es perfectamente elucubrar que la vivieran, no por la edad física que aparentan.

La gente, consciente de la cámara rombolesca (nada que ver con las de ahora) en el morro del tranvía, procuraba pasar por delante de ésta de manera disimulada (como quien no quiere la cosa) aunque había algunos transeúntes que montaban la escenita y se hacía ver de manera teatral como si se hicieran una retrato al estilo de la escena de The NY Sequence en "Dos hombre y un destino".

Ver a gente bien vestida (¡y de diario!) por el Paseo de Gracia o la Calle Salmerón es una imagen que me sorprende y a la vez me parece natural, como si la hubiera visto un millar de veces (en mi cabeza). Hoy en día, mucha gente se emperifolla cuando en realidad visten como pordioseros (no implico que trajearse sea la máxima de mi canon estético); lo que debiera hacer todo el mundo es llevar la ropa con más naturalidad; a todo el mundo se le ve interpretando un personaje de acuerdo con su estilo de vestimenta, cosa que resulta ridícula y cargante ya que no es su verdadera personalidad sino un ente creado por el miedo al "¿qué dirán?". En las imágenes inspiradoras de lo que escribo veo inconsciencia en cuanto al atuendo, cada uno lleva lo mejor que puede lo que tiene para cada día sin importarles que llevan pues es lo que les identifica dentro de la sociedad en la que, con mayor o peor fortuna, diré que se sitúan más arriba o más abajo pero están orgulloso de su posición. Actualmente, el que está arriba pretende que está más abajo y el que está abajo apunta para arriba con un falso orgullo de su posición real. Cada uno debe aceptar lo que es y donde está a la vez que acepta lo que son y dónde se encuentran los demás.

Hay una asunto que sigue inquietándome, lectores míos: ¿me ven ustedes como un excéntrico pretencioso, un romántico acabado o qué? (Espero que empiecen a usar más a menudo la sección de comentarios de este blog).

Espero que este artículo les haya resultado menos pesado de leer ya que algunos de ustedes ya me han criticado por extenderme demasiado. Adjunto, además, un saludo a la señorita Fores quien me ha mentado la despreciable pero necesaria publicidad que hago de estos escritos.

lunes, 14 de marzo de 2011

De mentores y de pupilos o comiendo con el Presidente.

Tras un mes de ausencia, vuelve a visitarme la señorita inspiración que claramente es soltera y no le gustan las ataduras conmigo pero le gusta verme de vez en cuando, no sé por qué pero ahora me la imagino con zapatos rojos.

El miércoles pasado tuve la oportunidad de comer con el muy honorable Presidente Jordi Pujol. Fui acompañando a mi padre, mi mentor (el Dr. Júvar) y a Narciso Pi (pupilo de mi padre). Fue una experiencia interesante ver a una institución personal como es el Presidente de la Generalitat con más tiempo en el cargo. Debo hacer notar que sigue actuando y hablando como un político sin serlo actualmente, pero decir mucho sin decir nada y responder lo que se quiere en vez de lo que quieren con una pregunta es un don/defecto que sólo poseen los políticos.

Fue una comida interesante, y un saludo interesante, quiero decir, cuando fui presentado a M. H. Jordi Pujol se me creó una situación extraña en la cabeza; estaba, en cierto modo, emocionado y por otro lado debía aguantarme la risa cada vez que oía su carraspera, conocida y caricaturizada por todos aquellos que leen esto. No seguiré hablando de el Hombre ya que me daría para escribir un libro.

Después de la comida fuimos, los que acompañaba y yo, a hacer la sobremesa a la azotea del Universal, hotel situado en frente del Liceo. Hacía un Sol espléndido y fumar al aire libre resulta muy agradable en esa situación, viendo gente tender ropa en los terrados y turistas paseando por la Rambla. Estuvimos hablando de esto y aquello: textos de Stefan Zweig (sobretodo la póstuma biografía de Montaigne), algo de Joseph Roth (y su Hotel Savoy, que no es el de Londres) y un largo etcétera que el lector se puede imaginar viendo de qué cuerda son los mencionado temas.

En el entretanto me di cuenta de la situación, dos pares de mentores y de pupilos. Entonces pensé en aquello que me había dicho mi amigo Marcelo Stranglehoff de no sé qué película en la que decían que todo hombre, en su vida, ha de tener un discípulo y un maestro, lo que me planteó ¿quién narices es mi aprendiz? y ¿puedo o no elegirlo?, lo lógicamente absurdo es pensar que mentor y pupilo se han de parecer pero creo yo que el pupilo debe de trascender al maestro y hacerse a si mismo con la guía del mentor. Obviamente buscando el parecido con alguien solo se consigue una caricatura del imitado y de uno mismo, si yo fumara los mismos puros que el Dr. Júvar, bebiera sus gintónics, no sería un aprendiz, sería un burdo imitador. Si uno por ser mi aprendiz entiende ponerse americana y corbata, fumar mi marca de cigarrillos y beber cócteles creados en los años 20 no hace más que imitar mi personaje sin aportar nada de nada al que pudiera ser su aprendiz, que lo que aprenderá es una imagen viciada de mi mismo. Es como disfrazarse de hobbit y medir 1'90 y que luego un tercero entienda que los hobbits miden casi dos metros.

El problema reside en si se puede hacer de maestro Shao-Lin y elegir y hacer criba de discípulos o tiene que ser en plan ONG para el desarrollo de la personalidad y ayudar a despersonalizados y estereotipados sujetos en busca de autenticidad. En el caso de mi padre y Narciso, mi padre fue quién eligió, pero en el del Doctor y yo diría que elegí yo. Conclusión, ninguna.

Quizá es que alguien muy abierto de miras me ha dicho que soy abierto de miras y ahora me estoy planteando si realmente soy abierto de miras, como me dicen, o soy tan snob y cerrado como me gusta ser. Puede que sea partícipe de una especie de snobismo abierto de miras o de un ancho de miras esnobista.

Hay que ver con la maravillosa dama de zapatos rojos; ora viene, ora se va.

lunes, 14 de febrero de 2011

Afeitarse como un Presidente.

Desde hace relativamente poco voy a que me afeiten en una barbería de Travessera de Gracia. Es una experiencia curiosa las primeras veces y relajante las "segundas". Desde luego se lo recomiendo a todos aquellos que se afeiten y que no tengan prejuicios generados por personajes como Sweeney Todd o los gemelos albinos de la segunda parte de Matrix. En defensa del afeitado con navaja, debo decir, a estos reticentes a la hoja, que en manos expertas es difícil distinguir la hoja de los los dedos del barbero al tensarle a uno la piel durante un rasurado. Lo que quiero decir es que no es incómodo y desde luego la sensación y el resultado son mucho mejores que con maquinilla.

Suelo afeitarme los jueves y éste pasado, como cada semana, me acerque a la barbería y mientras esperaba mi turno para ser atendido hablábamos el barbero, otro cliente y yo. En una de estas, el otro cliente dijo:

—Esta mañana he visto que te hacían fotos.

El barbero contestó que los de cierto periódico se había enterado que el actual Presidente de la Generalitat de Cataluña (no soporto decir ni que digan President cuando se habla en castellano) se corta el pelo y se afeita en su establecimiento cosa que me lleno, un poco, de orgullo. Tampoco fue algo a lo que diéramos mucha importancia dado que el siguiente tema de conversación fue elevadísimo, una tienda de arreglos de ropa dos manzanas más arriba.

Finalmente, el otro pagó y se fue entonces me pude sentar en la silla del Presidente (dado que de las tres que hay solo se usa aquella).

Pedro, el barbero, inclinó la silla, me puso una toalla como babero, me untó con la brocha de cerda blanda, cerré los ojos y empecé a oír el rasgueo de la hoja contra la barba de una semana. Primero la mejilla derecha y parte del cuello, la izquierda, la parte restante del cuello, la barbilla y, levantándome ligeramente la nariz (cosa que no deja de sorprenderme), el bigote.

Después, recogió el resto de espuma con la toalla y cogió la botella de Floïd Vigoroso (loción para después del afeitado) —la cual no recomiendo para los primerizos en el afeitado (mejor Aqua Velva), no hay cosa que pique más en todo el universo, ver fórmula a pie de página—, tras dejarme medio atontado con el chorretón de este líquido, el cual creo componente de la inyección letal, me masajeó con algo de crema (creo que) hidratante, me cobró y me fui más contento que unas Pascuas con mi cara más suave que el culo de un bebé.

He de señalar que cuando decidí empezar a ir al barbero para afeitarme no fue una iniciativa motu proprio. De hecho, fue por una consigna en una de mis páginas web de cabecera (http://artofmanliness.com):

—Find a Barber.

Yo acababa de volver de un viaje y hacía varios días que no me afeitaba así que indague sobre barberías dónde se afeitara a navaja y, voilá, encontré 3 en toda Barcelona (suerte, la mía que una esta cerca de mi entorno callejero).

Otro motivo es que al no tener la necesidad de afeitarme a diario no me afeito con regularidad y con ello acabo adquiriendo un aspecto sucio o de enfermo —hablo por mi, a unos les sienta bien el vello facial y a otros no—. Pero, bueno, no pretendo que, ustedes, hagan suyos mis motivos pero, desde luego, insto a todos mis lectores (masculinos) que, al menos una vez, sean participes de esta experiencia costumbre de tantos en el pasado.



Fórmula de Floïd:
-6/10 de alcohol etílico.
-1/4 de ácido sulfurhídrico.
-1/20 de ácido de bateria.
-1/10 de guindilla en solución acuosa a un máximo del 25% (sino hace el mismo efecto que el Botox).
-unas gotas de Tabasco para darle sabor.

miércoles, 9 de febrero de 2011

¿Prohibido prohibir? Ya, seguro...

Tras quitarse el camarero lo único que nos faltaba en el Círculo del Liceo era quedarnos sin el copa y puro, quiero decir sin puro, solo copa. El anterior Presidente de la Junta del club habilitó los viejos armarios de las peñas de manera que los camareros se pudieran retirar antes que los socios y, así, nos hemos visto obligados a servirnos nosotros mismos, cosa que no me ocasiona ningún problema, pero esto de privarme de mis cigarrillos...

Comparto con mucha gente lo de que no hay que obligar a los demás a respirar nuestro humo, vamos lo que llaman algunos "fumadores" pasivos. Entiendo perfectamente que pueda molestar a cualquiera el humo de tabaco pero de ahí a prohibir fumar completamente.

Por ahora, hay problemas sanitarios muchísimo más graves que el tabaco: por un lado está el alcoholismo y no hablo sólo de los bebedores empedernidos, hablo del tema botellón, conocido por todos, pero, sobre todo, el botellón entre adolescentes. Yo, gracias a Dios, he aprendido a beber desde la enseñanza de mi padre y de gente que yo he juzgado como de su confianza. Desde luego que alguna vez he bebido más de la cuenta y luego he sufrido las consecuencias pero siempre he disfrutado todo aquello que he bebido. La gran parte de la gente con la que comparto generación no sabe distinguir de un whisky de 10€/botella a uno de 150€, no que yo sepa apreciar uno de 150 € (que seguro que tiene que sentar mal de lo caro que es) pero desde luego se cuando me están dando "garrafón". La gente de mi edad, por norma general no bebe para disfrutar, bebe para desinhibirse; no han sido pocas las veces que he oído la frase "primero bebemos y luego vamos a (ponga aquí el nombre del local nocturno)". Como excusa a esta cita muchos alegarán las mismas excusas que se usan para practicar el "botellón":
-"Es que en la discoteca te cobran a 12 euros la copa"
-"Es que te ponen garrafón"

Secundo ambas excusas pero, desde luego, la solución no es el botellón. Uno puede beber en casa, cosa que no se suele hacer porque A) da palo limpiar y B) mis padres están delante. Respecto a A debo preguntarte, a ti, "botellonero", que pones la excusa, ¿también te da palo limpiar la calle?; y, acerca de B, si tienes vergüenza de hacerlo delante de tus padres, ¿no crees que, a lo mejor, lo que haces no está bien?

Por otro lado, aun secundando las anteriores excusas, yo mismo me las rebato. Yo sé de sitios y consumiciones que se pagan a 12 euros pero son consumiciones y/o sitios a los que no voy a menudo (no hablo de discotecas) por el alto precio que; por alto que sea, viene seguido, de alta calidad en productos servidos y servicio prestado, servicios y productos que se pueden también adquirir por precios menores pero en sitios no frecuentados por la gente de mi generación.

Encontrar una buena atención, un buen producto y un buen precio en la Ciudad Condal no es una tarea ardua si no se es muy sibarita y se es amable con el servicio. En mi caso, sigo el tópico de más vale malo conocido que bueno por conocer pero, aun así, busco lugares poco visitados por el común de los mortales. De tal manera se consigue un afecto por parte del restaurador (no hacen falta propinas para ello) y un mayor conocimiento de la cuantía pecuniaria que supondrá la velada a la vez que un conocimiento necesario para el joven no emancipado, la respuesta a la ya tradicional pregunta materna, "¿A qué hora vendrás?"

Mis amistades con el servicio me han dado desde "precios de amigo" , pasando por cuentas de 0€, hasta lo que yo mas admiro que es saber, ellos, lo que quiero sin saber que lo quiero, ¿me explico?

Creo más agradable comer o tomar algo en un lugar conocido que en la intemperie.

Esto de la intemperie me lleva de vuelta al tema de partida, el tabaco.


Admito que la nueva legislación tiene su razón de ser, preservar la salud de los trabajadores, la cual secundo, pero no deja de sorprenderme ver algunos de los camareros del Boadas o de mi club salir a la calle para fumarse un pitillo, cosa que ya hacían antes de la primera ley antitabaco pero ahora se me hace verdaderamente raro. Por otro lado, no me parece bien que me priven de mis aficiones en tanto en cuanto las llevo a cabo sin afectar ni molestar a nadie. Teniendo en cuenta que en mi club —nuestro club— hay sitios nunca visitados por el personal excepto para limpiar hecho curioso ya que nunca coincido con el personal que se dedica a ello: entonces, si yo estoy en un compartimento más o menos estanco, sin nadie a mi alrededor y ventilo posterior y correctamente la estancia ¿también lo tengo prohibido?

Sinceramente, no encuentro la lógica en la Ley 42/2010, de 30 de diciembre, pues su sino es proteger la salud de los trabajadores pero ¿que narices protege si no hay ni trabajador ni, por consiguiente, salud que proteger?, salvo la mía misma pero la norma no va enfocada a mi.

Me dan ganas de hacerme carlista solo para poder llamar "isabelina" a esta ley.

sábado, 15 de enero de 2011

Aristóteles y Plantón

Hoy, por enesima vez en mi corta vida, he sido victima de la inconsecuencia de un conocido. Me han plantado.

Hay muchos tipos de planton. De todos ellos debo destacar los siguientes: el "me caes bien pero no quiero salir contigo", el "es que esta esta chica", el "coño, podrias haber llamado" (cita del plantado), el "que hijo/a de puta" (tambien dicho por el plantado) y, por ultimo, el "¿era hoy?".

Yo hoy he sido obsequiado con un "es que esta esta chica", del cual contare mas tarde la historia.

Primero hablare de los varios tipos. Empiezo por el paradigmatico "que hij@de puta". Este se da cuando habiendo quedado con alguien, generalmente en plan cita, no se presenta al sitio, logicamente, ni nos avisa de su ausencia ni da explicaciones. Basicamente, el ultimo contacto fue cuando se establecio el lugar y la hora de encuentro.
Muy parecido es el primer tipo mencionado en la enumeracion. La persona citada nos da explicaciones que incumplen la regla de Brad Pitt (vide the art of manliness).
Al contario del "me caes bien [...]" el "coño, podrias haber llamado" conlleva el cumplimiento de la regla de Brad Pitt pero solo se dan explicaciones, como muy pronto, al dia siguiente de la "quedada". El menos importante, que no por ello deja de ser menos comun, es el "¿era hoy?" suele darse en reuniones de amigos, cuando se llama al faltante (¿existe esta palabra?) y este hace la pregunta que da nombre a esta clase de planton.

Finalmente, procedo a relatar mi caso. Como he dicho me han hecho un "es que esta esta chica", mejor dicho, este chico... Habia quedado con un amigo pero este, cuando ya estaba saliendo para el emplazamiento fijado me ha llamado diciendo que no saldria esta noche (debo decir que el susodicho es alguien notado por su falta de puntualidad y un servidor, lo es por la enfermiza puntualidad que profesa). Le he preguntado la razon de su reclusion hogareña y se ha visto obligado por su concowncia a contarme que un chico de su misma preferencia sexual (y, supongo, mas agraciado que yo) le habia invitado a ir a un local nocturno de indole homosexual del cual no dire el nombre por no hacer proselitismo. Sin decirlo me ha implicado que "es que estaba etse chico". Admito que mi frustracion es injusta ya que yo hubiese o hubiera —como decian Tip y Coll— o hubiere o "hubierube" —como dirian Les Luthiers— hecho lo mismo en su sitiuacion y, repito, dado que chico es mas agraciado que yo.

(Como ya es costumbre (que me disculpe de algo), pido perdon de mi abuso de la paciencia de ustedes, lectores. Buenas noches y —parafraseando a nuestro Presidente del Gobierno citando una pelicula— buena suerte con los plantones*). **



*Extension de la cita sacada de la cosecha del autor.
**Me disculpo del planton que nos dan los acentos dado que escribo desde mi movil y, ¿como decirlo?, da mucho palo ponerlos desde el teclado de un iPhone. Pido clmencia en cuanto a temas de errores tipograficos por el hecho de no haber revisado e presente escrito que se puede calificar de texto en sucio.

domingo, 2 de enero de 2011

Mientras tanto, en El Cairo...

Atardecer del 1er día.

No llevo ni 24 horas en África y ya me gustaría quedarme a vivir, ahora entiendo porque mi señor abuelo vino aquí a curarse de la tuberculosis (y en una espécie de terapia preventiva para otros dolores físicos). Yo ayer salí de la Ciudad Condal bajo los suplicios de un resfriado que me habia producido tal congestión que en cuando me sonaba o tosía—perdón por la escatología— dejaba el pañuelo cubierto de mucosidad espesa y sanguinolenta, de ahí que me identifique con don Guillermo Gladstone que huía de la leva para la quinta del biberón.

Ahora me encuentro en la terraza del hotel, en la sección del patio, por supuesto. Hoy he conocido a dos autóctonos que, estereotipadamente se llaman, Ahmed y Mustafa (que no Mustafà). El primero nos hacia de intérprete a la vez que de guía, cuando el segundo era el que conducía la furgoneta. Con Ahmed, he visitado hoy las pirámides de Giza las cuales, al contrario que a mi familia, han satisfecho todas mis expectativas; mi madre se ha limitado a observar que ella se "las imaginaba más grandes". Lo que me ha medio decepcionado ha sido la Esfinge, más bien me ha parecido algo puesto como decoración de un parque temático, me gustaba más la imagen que tenía de ella, de fotografías tomadas cuando Carter aun no había descubierto la tumba del faraón Tut.

Después de pasear entre aquellos monumentos y dar una vuelta en camello, hemos ido a comer al Hotel Mena House, que fue visitado varias veces por Winston Churchill y dónde se rodaron algunas escenas de la película de 1954 "El Valle de los Reyes", protagonizada por Robert Taylor.

Finalmente, debido al cansancio por las caminatas de la mañana, he llegado al punto en el que me encuentro, la terraza del hotel.


Atardecer del 2º día.

Hoy he hecho dos de las estaciones mas esperadas, almenos para mi, de este viaje: el Museo Egipcio del Cairo (valga la redundancia) y el mercado Khan El-Khalili ("jan eljalilih" pronunciado por los autóctonos").

El primero era nada más inada menos como me lo imaginaba y deseaba que fuera: un edificio repleto de momias, esculturas y cualquier otro tesoro con más de 2500 años de antigüedad, pero sobretodo, lo que tenia en mente era un edificio mal conservado aunque lo que albergara estubiera bien cuidado. Odio que se cumplan mis espectativas acerca de un viaje, eso hace que todos los demás echen por los suelos mis sueños e imaginación.

Al llegar a Khan El-Khalili, le hemos dicho a Ahmed que no hacía falta que nos acompañara y él, viéndonos presa facil de maleantes ytimadores nos ha insistido mucho en el tema de comprar metales preciosos (que pueden no serlo tanto). Hemos bajado la furgoneta y hemos empezado a andar. Me estaba encendiendo un cigarrillo cuando ha aparecido Ahmed acompañado por un agente de la Policía Turística y un armario ropero de 2'10 metros con traje gris arrugado (más arrugado de lo que suelo ir yo). Me ha soltado una parrafada muy larga de la que solo he entendido que el altote fortachón se llamaba Hassán (y dale con los mombres estereotipados.) y que nos haría de gorila en nuestro paseo por el mercadillo de manera gratuiía. De buenas a primeras no me ha sorprendido aquello debido a que he visto más agentes de la Policía Turística que de ningún otro cuerpo policial, y con bastante diferencia; por otro lado, puede que simplemente fuera un agente de paisano. Al final, hablando con Mr. Hassán (como se me ha presentado), he acabado sabiendo que era un servicio gratuíto que prestaba la PT (me he hartado de poner Policía Turística) a según que visitantes de Khan El-Khalili.

He dicho que al principio no me ha sorprendido que nos acompañara aquel armatoste de persona pero más tarde si me llevado un sorpesa cuando habiendo sido avisado de que iba armado he salido de una tienda para encender otro pitillo (mala costumbre que he cogido en casa por la ley antitabaco, aquí se puede fumar en todos lados), me ha seguido Mr. Hassán y al verle le he ofrecido el paquete. Me ha dado las gracias y me ha dicho que no fumaba cigarrillos, entonces nos hemos puesto a hablar de shisha, en ese momento de ha puesto bien la americana y al levantársele el faldón izquierdo he visto que llevaba un subfusil, ¡algo enorme para llevar bajo el traje! Cierto que no he parado de ver PTs armados con MP5 pero aquello no me lo esperaba.

El paseíllo por el bazar ha terminado en una cafetería, El-Fishawi, donde hemos tomado algo mientras Mr. Hassán difrutaba una shisha. Yo he tomado un té (no se de qué origen) en un baso con hojas de menta lo cual me ha permitido prescindir del azúcar y le daba a ese brebaje un encanto especial.

Me he podido dar cuenta de que las palomas de aquí son los felinos. De hecho en Khan El-Khalili, se puede ver gran cantidad de gatos pequeños aunque la mayoría son monos, muchos se ven "espallufats" (según mi madre) y sarnosos. De hecho en El-Fishawi han entrado dos gatitos que han ido a sentarse debajo de la silla de mi padre y cuando se han movido hacia la mesa donde conversaban dos chicas autóctonas, éstas se han asustado como si de ratas gigantescas se tratara.

Después de reposar un rato hemos cogido un taxi que nos ha dejado en la Plaza de la Ópera, por allí hemos paseado un poco viendo lo que es El Cairo de verdad: muy parecido (de acuerdo con mi padre) a la España de finales del segundo tercio del siglo pasado.

Con tanta vuelta y paseo hemos vuelto al hotel para comer (a las 5 de la tarde).


Tarde del 3er día

Me he permitido omitir la velada de fin de año por pertenecer a la estricta intimidad familiar (además todos ustedes ya tienen suficiente con su propio anecdotario infinitamente más interesante que el de un servidor).

Esta mañana hemos ido a la Ciudadela de Saladino. He disfrutado enormemente con las vistas del skyline del Cairo y la increíble belleza de la Mezquita de Alabastro. Es curioso como la falta de icono en los templos musulmanes es subsanada por una exceso de decoraciones que, aunque abundantes en extremo, no son recargadas. En el templo hemos mantenido una "charla" acerca de religión con Ahmed, claramente musulmán practicante. El hombre, sin hacer discriminación de las otras religiones, ha hecho larga apología de sus creencias aunque no proselitismo. De hecho, la mesa redonda en la que he participado, sin mesa ni silla (en el suelo), me ha recordado a las discusiones de religión en los bares que frecuento en Barcelona y, dede luego, me ha inspirado razonamientos que hubiesen solucionado discusiones que he tenido en los últimos meses.

Al acabar con la visita gigantesca fortaleza nos hemos dirigido al barrio copto, allí hemos visitado la Iglesia de San Sergio y la Sinagoga de Ben Ezra, según fuentes autóctonas la iglesia y la sinagoga más antiguas del mundo.

Final del 4º día (ya en Barcelona)
Podría decirse que esto es la madrugada del 5º día debido a la hora a la que escribo esto.

He aprovechado la mañana para bañarme en la piscina del hotel, aunque estaba nublado y había una niebla muy espesa la temperatura acompañaba la situación. Después de haber hecho las maletas hemos hecho una última visita a Khan El-Khalili con Mustafa. Cuando volvíamos a la furgoneta he visto a un hombre muy bien vestido y claramente de estilo barcelonés y de repente me gritan por la izquierda "¡Hola!", nos hemos encontrado con Jaime Castilla, consocio mío en el Círculo del Liceo (el club mencionado en otro escrito). Jaime es lo que podría llamarse un gentleman paradigmático; un hombre guapo siempre vestido con la mayor de las elegancias aunque siempre con una gran cantidad de excentricidades (claramente distintas a las de mi mentor o las mías); por ejemplo, como es capitán de yate, se digna a venir a cenas de gala con uniforme de gala marino en lugar de tuxedo. Debo añadir que tiene por esposa una de las más bellas mujeres de Barcelona. Son una pareja muy agradable con todo el mundo, como prueba la ocasión, en todo el mundo.

Ya para terminar, hemos cogido el avión de vuelta a casa (que en teoría salía a las 8:00 pm, hora egipcia) a las 9:15 pm para llegar a la una de la madrugada (teníamos que llegar a media noche). Después de dejar maletas y bolsas en casa me he calzado un abrigo y he salido a tomar una copa. He ido a un bar a la vuelta de dos esquinas y cuando me atendían me he encontrado con una amiga medio vecina que me ha invitado a acabar la velada con sus compañeros de universidad.


Buenas noches (aunque sean las tres de la madrugada me parece un insulta decir buenos días)